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domingo, 24 de junio de 2018

Lo que no podemos saber

Estoy en plena faena (aproximadamente, al 50%) con un excelente libro de Marcus du Sautoy del cual me he apropiado del título para esta entrada: Lo que no podemos saber. El autor es un conocido divulgador, catedrático de matemáticas en Oxford, que dedica esta publicación a explorar los límites del conocimiento humano, en un ilustrativo y esforzado intento de establecer dichos límites y, consecuentemente, de especular sobre la existencia de la inexistencia, basándose en el supuesto, que comparto, de que es la percepción la que crea la realidad. En pocas palabras, lo que no percibimos no existe, entendiendo como percepción, la percepción sensorial, la de los sentidos, es decir, lo que no vemos, oímos, olemos, gustamos o tocamos, no existe (para el sujeto no perceptor, claro está), lo que excluye cualquier introspección mental, intuición, creencia o teoría no verificable o falsable científicamente.

Ni que decir tiene que dado que el libro centra su interés en las fronteras extremas del infinito cósmico y del sub-atómico —con alguna que otra excursión teológica—, nada más lejos de mi intención aquí y ahora el comentar o criticar su contenido o conclusiones, tarea que delego agradecido en quien se considere interesado en las grandes preguntas que plantea el conocimiento actual del mundo físico, tras la más que recomendable lectura del libro. ¿Qué pintan pues sus 570 páginas en esta humilde publicación? Vamos a intentar explicarlo.

No quisiera ser tildado de superficial, pero lo que me impactó del libro fue la primera entrada del CONTENIDO, situado, como a mí me gusta, al principio, tras los créditos y copyrights. Dice así:

Frontera cero: lo que sabemos que no sabemos.

Y lo compré.

Y lo hice porque “saber lo que no sabes” es uno de los principios fundamentales que me han guiado a lo largo de mi ya dilatada trayectoria vital y porque al encontrarme con él en una obra tan especializada rememoré inmediatamente la atención prestada al trabalenguas en mi blog personal, reflejada en tres entradas de las que destaco los párrafos más relevantes, resaltando las coincidencias cuasi textuales:

Saber de lo que hablas, hablar de lo que sabes:

«Reconozco que no se trata de aplicar de forma generalizada el método socrático a todos mis interlocutores, pero sí entiendo que, en determinadas ocasiones, es absolutamente necesario. Porque ya no estamos ante la inevitable y omnipresente incertidumbre del lenguaje —tema que, como he expresado en múltiples ocasiones, me apasiona—, ni ante problemas de contexto —la cómoda escapatoria de todo cultivado incomprendido—, sino ante la ignorancia más supina, llevada de muy mala manera, porque ni es aceptada ni, en muchos casos —y esto es lo peor—, conocida. Es decir, no saben que no saben. Y eso es saber bien poco».

Ignorancia, Humildad, (in)Tolerancia:

«La máxima expresión de la ignorancia es no saber lo que sabes ni saber lo que no sabes. En pocas palabras: (no) saber nada».

Es Verdad, está Bien…:

«En el fondo todo se reduce a «hablar de lo que se sabe» o a «saber de lo que se habla». Y es que no hay nada peor que «no querer saber», porque «no saber que no se sabe» es ignorancia, mientras que lo otro es irresponsabilidad o, en el peor caso, maldad patológica».

¿Cómo podía pues no interesarme una obra que empezaba precisamente por eso: por establecer “lo que sabemos que no sabemos”? Imposible. Y en ello estoy. A partir de ahí, sabido lo que no sabemos, más o menos por la página 300, en un apasionante viaje de la mano de Marcus du Sautoy, explorando los límites del conocimiento humano: lo que no podemos (ni podremos, y esto es mío) saber. Pero esta es otra historia, y ya va siendo hora de acabar con la introducción (había olvidado que estaba intentando explicar la relación entre el libro y esta entrada en el blog).

Pues esta es toda la relación: los evocadores títulos de la obra y del primer capítulo. Nada más.

Y ahí está el libro. Sobre la mesa. Con su hermoso título. Y aquí estoy yo, frente a la mesa. Recapacitando sobre el momento que nos ha tocado vivir. No tanto por la mera evolución vegetativa y su impacto sobre el conocimiento y su permeabilidad —o, mejor dicho, impermeabilidad— estadística en la sociedad, como por la lacerante simplificación del discurso y actitudes de quienes, desde la función pública, deberían dar ejemplo de autenticidad y coherencia, en lugar de intoxicar al personal con una interesada mezcla de pretendidas verdades trascendentes y simbolismos estéticos que, desgraciadamente, encuentran eco en piaras y rebaños de seres pretendidamente racionales.

Y entonces me pregunto: ¿Acaso ellos y ellas creen que lo saben todo? ¿Son capaces de asumir o reconocer algún grado de incertidumbre (por pequeño que sea) en sus lapidarias declaraciones justificativas o premonitorias? ¿Saben lo que no saben? ¿Engañan conscientemente al personal? ¿Son conscientes de que el uso y abuso de las palabras “todos”, “nunca” y “siempre” refleja una ignorancia supina?

Y me digo: vamos a escribir algo. Y ya está escrito.

EPÍLOGO: Como puede apreciarse fácilmente, esta entrada es una aparente digresión, y he estado dudando largo rato si era más apropiada para el blog personal. Pero no nos engañemos. Trata de política, aunque en ella se omite toda referencia identificativa explícita a “ellos y ellas” y sus obras y milagros. Son tantas (las obras y ellas) y tantos (los milagros y ellos) que hacen imposible su conocimiento y enumeración. Esta es una de las muchas cosas que no podemos saber y que sabemos que no sabemos. Pero están ahí. Para nuestra desgracia. En un bucle recursivo que no podrá sino empeorar. Porque no saben que no saben.—o quizá sí, lo que es peor—. Y nadie de los que saben —que los hay— se lo dice. Mientras tanto, seguiré leyendo el libro.

sábado, 28 de abril de 2018

Se equivocaba (el ministro)

Si no me equivoco...
No se trata de evocar el bello poema de Rafael Alberti o cualquiera de las magníficas canciones que ha inspirado (en particular me quedo con la versión de Joan Manuel Serrat). Se trata de llamar la atención sobre cuatro palabras perdidas entre la intervención del ministro portavoz del Gobierno que han resultado extraordinariamente adecuadas para el alcance de este blog, dedicado a la Calidad y la Excelencia Política. La frase que sigue es un extracto literal de su parlamento inicial en la rueda de prensa correspondiente al Consejo de Ministros de ayer, 27 de abril de 2018¹. Las cuatro palabras son “si no me equivoco”:

…para valorar si la tipificación de estos delitos que datan del código penal de la época del presidente González, de 1995 si no me equivoco, está… si está la tipificación penal convenientemente reflejada en nuestro ordenamiento jurídico o es preciso una actualización de las mismas…”.

No voy a entrar a valorar ni los delitos a los que se refiere el ministro, ni la sentencia recién dictada sobre los execrables hechos acaecidos en las fiestas de San Fermín de 2016, ni el comprensible revuelo político, mediático y popular que ha generado, más allá de declarar mi más absoluto desprecio por unos individuos que se auto-identifican como “la manada”, vocablo del que me quedo con sus dos principales acepciones: 1. f. Hato o rebaño pequeño de ganado que está al cuidado de un pastor; 2. f. Conjunto de ciertos animales de una misma especie que andan reunidos (esta última la encuentro particularmente acertada).  

Lo que realmente me ha interesado es la nula atención que las cuatro palabritas coladas de rondón en su parlamento han despertado en la prensa “online” (a las 08:56 de hoy), teniendo en cuenta que la “tipificación penal de estos delitos”, es decir, los delitos de agresión y abusos sexuales, está convenientemente reflejada en nuestro ordenamiento jurídico y que ambos fueron “actualizados” en 1999, en 2003, en 2010 y en 2015, como queda patente en los extractos que siguen, todos ellos correspondientes al documento DELITOS CONTRA LA LIBERTAD SEXUAL: PRINCIPALES NOVEDADES DE LA REFORMA DEL CÓDIGO PENAL. TIPOS BÁSICOS DE AGRESIÓN Y ABUSOS SEXUALES², del cual es autor D. José Javier Huete Nogueras, Fiscal de Sala Coordinador de Menores, donde detalla los antecedentes y modificaciones de la L.O. 15/2015 de 30 de marzo, centradas, desafortunadamente para el ministro, en el CAPÍTULO I. De las agresiones sexuales y el CAPÍTULO II. De los abusos sexuales.

El texto original del código penal de 1995, en su artículo 178 contiene el tipo básico de agresión sexual que fue objeto de reforma por ley orgánica 11/1999 de 30 abril…

Los preceptos referidos a la agresión sexual se vieron nuevamente afectados por la ley orgánica 15/2003 del 25 noviembre por la que se modificó la ley orgánica 10/1995, de 23 noviembre…

Y de nuevo se han visto afectados estos preceptos mediante la ley orgánica 5/2010 de modificación de la ley orgánica 10/1995 de 23 noviembre, del código penal. A este respecto la exposición de motivos de la referida ley en el apartado XIII señala que la finalidad la reforma no es otra que el acrecentamiento del nivel de protección de las víctimas específicamente las más desvalidas…

La Reforma operada por L.O. 15/2015 de 30 de marzo…
Es de destacar que la tramitación de este proyecto de ley ha sido dilatada en el tiempo ya que tuvo su entrada en el Congreso de los Diputados el 1 de octubre de 2013, habiéndose dilatado el periodo de enmiendas en la Comisión mediante sucesivas prórrogas hasta el día 28 de noviembre de 2014…

En la exposición de motivos que se presenta en el Congreso…
Se introducen modificaciones en los delitos contra la libertad sexual para llevar a cabo la transposición de la Directiva 2011/93/UE, relativa a la lucha contra los abusos sexuales…
La citada Directiva obliga a los Estados miembros a endurecer las sanciones penales en materia de lucha contra los abusos sexuales…

Pues como se puede comprobar, el ministro se equivocaba. Y mucho. Y con ello ha merecido ser condecorado por este blog con la medalla de campeón de la NO CALIDAD y líder de la NO EXCELENCIA. No hace falta añadir mucho más, por lo que concluyo con algunas reflexiones:
  • Un ministro, portavoz para más señas, deja patente en público y sin ruborizarse, su desconocimiento de las cuatro "actualizaciones" del Código Penal posteriores a "la época del presidente González", referencia ad hóminem gratuita que solamente puede entenderse como ganas de meterle el dedo en el ojo, habida cuenta que la última "actualización" se realizó en 2015.
  • A pesar de las cuatro palabrejas vagamente exculpatorias, creo que a un ministro, y para más inri “portavoz”, le sería exigible documentarse un poco antes de someterse al escrutinio de una rueda de prensa y comentar alegremente un tema tan “sensible”.
  • Además, se supone que este personaje se acaba de levantar de un Consejo de Ministros donde se supone también que, en presencia del Ministro de Justicia, se ha tratado el tema con un cierto rigor, por lo que resulta del todo punto incomprensible su manifiesta ignorancia sobre la legislación aplicable a los hechos.
  • Huelga decir que nos resistimos a considerar siquiera la posibilidad de que esta "ignorancia" responda a un intento premeditado y alevoso de manipulación de la opinión pública y publicada vendiendo la falsa idea de la obsolescencia del tratamiento penal de estos delitos debido a su antigüedad de 23 años.
  • En cualquier caso, esta ignorancia, estulticia o, en el mejor de los casos, superficialidad, no parece preocupar lo más mínimo ni a sus adláteres, ni a los medios, ni a la oposición, más allá de evidenciar palmariamente en manos de quien estamos. 
  • Esperamos de nuestros (in)competentes legisladores que apliquen algo más de diligencia que la empleada en la ley orgánica 15/2015 (más de un año en período de enmiendas), que a la sexta intentona vaya la vencida y que nos ahorren en el futuro bochornosos espectáculos como al que muy a pesar nuestro estamos asistiendo.
Y para terminar con buen sabor de boca, si no lo han hecho todavía, escuchen a Serrat.

Se equivocó el ministro…
Se equivocaba…

NOTAS:
  1. Intervención del Sr. Ministro.
  2. DELITOS CONTRA LA LIBERTAD SEXUAL. D. José Javier Huete Nogueras 


miércoles, 25 de abril de 2018

Querer escribir y no poder

Solo quien haya leído, entendido y comprendido a Ludwig Wittgenstein en su «Tractatus» está en condiciones de comprender las tortuosas elucubraciones político-filosóficas que me invaden y el fallido intento de plasmarlas, a diferencia de las palabras, que se las lleva el viento, sobre un soporte supuestamente perenne, practicando el noble arte de la escritura. Parto del supuesto de que el colectivo que cumple las tres premisas de partida es, estadísticamente hablando, anormalmente reducido, debido fundamentalmente al acusado déficit de comprensión lectora que afecta a la sociedad, en especial a las nuevas generaciones, déficit resignadamente aceptado y no combatido por nuestros políticos, como si se tratase de una maldición bíblica o de una nueva fuerza de la naturaleza contra la que no existe antídoto. Menuda pandilla de ineptos. Pero ésta no es la cuestión.

Ya he expresado en varias ocasiones mi convicción de que la secuencia entendimiento→comprensión es la clave de la comunicación y, por extensión, del conocimiento. Nadie puede comprender lo que no entiende. Esta conclusión, en mi caso, si me explican algo en ruso, es obvia. Y de forma general, también lo es si los términos expresados en el lenguaje que supuestamente entiende el lector u oyente no forman parte de su vocabulario. Vean pues la elemental forma de aumentar la comprensión lectora del personal: aumentar su vocabulario. Pero éste no es hoy el objeto de mis penas.

Sucede que me gusta escribir. He tenido la inmensa suerte de dedicarme profesionalmente a la consultoría en gestión de la calidad, lo que me ha permitido escribir muchísimo, y hacerlo aplicando en grandes dosis la secuencia anteriormente mencionada, sin la cual me hubiese sido imposible transcribir con un razonable grado de precisión y veracidad desde complejos sistemas de gestión empresarial hasta las más elementales instrucciones de trabajo. Y este trabajo de escritura no se podía realizar sin comprender lo que observabas o lo que te explicaban. Cierto es que el entendimiento es condición necesaria pero no suficiente. Puedo entender una disertación divulgativa sobre mecánica cuántica, pero esto no me conduce necesariamente a su comprensión. Centrémonos pues en el entendimiento.

Decía Wittgenstein en su proposición 5.6: «Los límites de mi lenguaje¹ significan los límites de mi mundo». La primera vez que leí esta proposición (y en menor grado, las que se citan a continuación) me impactó como un mazazo. ¡Cuánta razón tiene! Un lenguaje "estrecho" te condena a un mundo "estrecho". Seguimos con el último párrafo de la 5.61 «Lo que no podemos pensar no lo podemos pensar; así que tampoco podemos decir¹ lo que no podemos pensar». Aquí se establece con claridad meridiana la causa antecedente de cualquier expresión verbal: pensar primero. Es decir, pensamos y, después, decimos o, alternativamente, escribimos. Y pienso que no hay mejor forma de terminar con esta apelación al maestro de la lógica, que recurrir a su última proposición, la última frase del libro, su famosa y lapidaria proposición 7: «De lo que no se puede hablar hay que callar». Fin del libro. Imposible añadir nada más. Solamente una reflexión personal: Que bien nos iría si se le hiciera más caso.

Y en eso estamos. Quiero escribir (tengo tiempo y escribir me satisface) y no puedo. Porque de lo que me gustaría escribir, no puedo hablar. Me considero una persona interesada en la sociedad, en su entorno, en el día a día, en la política, en la lectura de la prensa "online" y escrita, en las tertulias con amigos o radiofónicas, en los informativos de radio y TV, en la observación de las gentes en la calle, en sus actitudes. En suma, una persona intelectualmente voraz y abierta a todo "input"² que me enriquezca y me haga sentir protagonista, miembro activo de una sociedad y ciudadano del mundo. Y no lo entiendo. Pienso y no lo entiendo. 

Avalancha terminológica (metáfora)
Hablan siempre de lo mismo, empleando términos cuya literalidad entiendo, pero cuyo significado, en muchos casos y en el contexto en que se utilizan, se me escapa. Vocablos o conceptos repetidos hasta la saciedad, tales como «libertad», «democracia», «urnas», «justicia», «presos políticos», «rebelión», «exilio», «procés», «referéndum», «diálogo», «consenso», «consulta», «Estado», «nación», «país» (habitualmente en su forma plural y adjetivado), «legalidad», «legitimidad», «representatividad», «dignidad», «represión», «violencia», «república», «constitución», «audacia», «expolio», «agravio», «venganza», «golpe de estado», «derechos humanos», «telemático/a», «Mesa» (con mayúscula), «eficaz», «efectivo», «eficiente» (los tres últimos aplicados generalmente al «govern»), utilizados con excesiva alegría y distinto propósito por las partes enfrentadas, mezclados en un cóctel imposible, utilizados con superficialidad, con demagogia, con desconocimiento de sus acepciones formales, con intenciones perversas, explotando simbolismos numéricos³, alfanuméricos o cromáticos aplicados profusamente al mundo textil y, más recientemente, al vegetal, abusando de crípticas siglas solo aptas para iniciados y de extrañas e impronunciables localizaciones geográficas, exacerbando los sentimientos más primarios, escamoteando la racionalidad, dirigidos a oyentes cautivos o apesebrados que, sorprendentemente, los entienden y aceptan como consignas o banderines de enganche a no se sabe que batallas o guerras, en lo que me parece una clara regresión a la tribu o, más benévolamente, a la Baja Edad Media. Lo ves en la calle o te lo inyectan directamente en el cerebro en la mayoría de medios. Y consiguen que pienses en ello. Pero como no lo entiendo, por pura lógica, por puro agotamiento, estoy empezando a dejar de pensar. De hecho, ya ni quiero pensar.

Y desoyendo a Séneca⁸, y utilizando el no querer como la causa del no poder, continúo y termino mi cadena de inferencias lógicas:

Lo que no puedo pensar, no lo pienso. Lo que no pienso, no lo puedo decir o, lo que es lo mismo, no lo puedo hablar. Y de lo que no se puede hablar, mejor callar. O lo que es lo mismo, mejor no escribir.

NOTAS:
1 – Resaltado en el original.
2 –  Deformación profesional un punto pija.
3 – 155, 1714.
4 – 9-N, 11-S, 21-S, 1-O, 27-O, 25-D, 22-M.
5 – 579-580 nm; RGB: 255, 255, 0; HTML: #FFFF00
6 – DUI, JxSí, JxCAT, ANC, AMI, CDR, TS, AN.
7 – Estremera, Waterloo, St. Andrews, Schleswig-Holstein.
8 – «El no querer es la causa; el no poder el pretexto», Epistulae Morales ad Lucilium 116,8.
9 –  Pues para no poder escribir… 😊

lunes, 20 de julio de 2015

puta barata podemita hipócritas [sic]

Incluso en este tiempo de canícula en el que la preocupación por mantener el gasto de energía próximo al metabolismo basal aconseja, entre otras muchas medidas, no escribir para eludir el ímprobo esfuerzo de pensar siquiera, resulta imposible evitar dedicarle alguna atención al tema de hoy, probablemente anecdótico con la que está cayendo, pero ejemplo sintomático de una acción no corregida situada en los antípodas de la calidad y excelencia política. Tampoco es que el tema merezca demasiadas líneas, pero sirva tanto para dejar constancia del propio hecho y de sus reacciones como para mantener vivo el blog mientras el calor no afloje un poco.

Para que conste...

Hechos comentados (1):

1 - «Que dice esta puta barata podemita hipócritas. Lo que pasa es que llevabais cuatro años sin robar y sis colocar a dedo a todos los lamepollas del psoe» (José Luis Valladolid Lucas, alcalde de Villares del Saz por el PP, 18-07-2015 en su cuenta personal de Facebook).

La verdad es que recientemente hemos sido testigos de la entrada en el debate político de varias intervenciones no demasiado ejemplarizantes en las redes sociales de personajes (hoy) públicos, pero que, a diferencia de ésta, habían sido rescatadas de las catacumbas virtuales y del olvido real con algún que otro bastardo motivo, político, por supuesto, realizadas cuando estos personajillos eran simples “mindunguis” —como cualquier hijo de vecino, entre los que nos incluimos—, excretores de opiniones propias para el consumo exclusivo de sus seguidores virtuales. Ahora bien, éste no es el caso:

Resulta que las ha realizado el pasado sábado todo un alcalde en ejercicio (2), hecho diferenciador que les da una categoría infinitamente más deleznable que cualquier otro desliz virtual conocido. Y las hace en una cuenta con nombre y apellidos, lo cual, en sí mismo, debería ser objeto de loa y alabanza por lo que tiene de transparencia y valentía al no ocultarse bajo un avatar, pero en realidad, síntoma de profunda estupidez o, como mínimo, de inanidad intelectual, confirmada por el lenguaje soez (3), la lamentable ortografía y los errores tipográficos no disculpables por el medio (4) debido a la utilización de un acento correctamente, indicativo de una cierta preocupación por la formalidad.

2 - «Bueno vista la repercusión de mi desafortunado comentario pido perdón por mis palabras en ningún momento pretendia insultar a esta señora a sido producto de una confusion y de un mal dia.pido mil veces perdon» (el mismo sujeto, también en FB).

La verdad, no es que lo arregle demasiado: a) Pide perdón «vista la repercusión...», lo que nos hace inferir que con menor repercusión hubiese mantenido el «desafortunado» comentario; b) ¿a quién quiere convencer de que llamándola «puta barata podemita hipócritas [sic]» no la pretendía insultar?; c) ¿Quién se ha confundido, él o ella? y d) sin duda, el mal día lo ha tenido al mal escribir esta disculpa, todo un despropósito ortográfico (no olvidemos que se trata de todo un alcalde, al que se le debería exigir un mínimo de conocimientos o, en su defecto, que se abstuviera de exhibir sus carencias básicas, en el supuesto que las conozca, claro).  

3 - «El PP de Cuenca rechaza frontalmente este tipo de comentarios, por lo que la Comisión de Derechos y Garantías del PP conquense lo estudiará en los próximos días» (comunicado publicado por Europa Press).

A este enternecedor comunicado poco hay que añadir, más allá del abstracto y ambiguo «estudio» en los «próximos días». No se hernien que hace calor.

Comentarios generales

Vistos los hechos en perspectiva echamos en falta un pronunciamiento descalificador de alto nivel (digamos del Presidente del Gobierno) que resulte ejemplarizante. También hubiera valido (pero menos) el de algún capitoste del Partido Popular (digamos la Secretaria General o un portavoz), toma de posición que en el momento de redactar este artículo (20-07-2015, 13:05) no consta se haya producido. Y esta falta de posicionamiento, incluso de referencia, a este desagradable incidente protagonizado por todo un alcalde del PP, resulta del todo punto inaceptable y es la que nos hace calificar el asunto de ejemplo paradigmático de No Calidad y No Excelencia Política. No estamos hablando de un incidente futbolístico, donde se puede insultar, incluso agredir, impunemente al adversario ante los ojos de millones de espectadores sin que el entrenador o el presidente del club afeen la conducta al protagonista, perdiendo la ocasión de dar ejemplo a propios y extraños, en especial a la juventud, crisol de futuro, alentándoles a emular estas actuaciones porque «todo es gratis». Nos estamos refiriendo a la actividad política, foro público donde todos nos deberíamos ver representados y donde el (buen) ejemplo debería ser la norma. Pero esto es pedir peras al olmo. ¿Cobardía? ¿Sectarismo? ¿Indiferencia? ¿Escala de valores subvertida? Quizá la respuesta es sólo una: Política.

Lo sabido: la misma cosa es buena (silencio o sordina) o mala (rasgado de vestiduras) en función de quien la ejecute. Y así nos va: puta barata podemita (del psoe, por supuesto). Quedamos a la espera de otra del bando contrario. 

Notas:
  1. Los subrayados en las transcripciones literales señalan faltas de ortografía y puntuación y son propios.
  2. No emergente (del PP para más señas).
  3. A resaltar el hallazgo que representa el cambio del venerable y clásico verbo “chupar” por “lamer” en el calificativo dispensado a «todos los ...pollas del psoe», lo que a nuestro modo de ver expresa una cierta suavización del término (con este calor, pensemos en un polo), aunque el nombre del partido en minúsculas los ningunea.
  4. En las redes sociales, la economía tipográfica está normalmente admitida.

lunes, 15 de junio de 2015

Unió: la respuesta

Difícil sustraerse a la tentación de comentar el resultado de la tortuosa pregunta, tentación convertida en irresistible tras la lectura de la surrealista y estrafalaria interpretación dada por sus patrocinadores. Nos limitaremos a comentar los hechos, para lo que nos vamos a apoyar en el siguiente artículo:


  • 1351 votos SÍ = 50,9%, 1226 votos NO = 46,19%, 64,81% participación: Una simple operación aritmética nos dice que al 35,19% de la militancia el asunto planteado se la trae el fresco o su complejidad les ha paralizado. También resulta evidente que la diferencia entre partidarios del SÍ (que significa NO al “proceso”) y del NO (que significa SÍ al ”proceso”) es de 125 votos (sí, está bien, no falta ningún cero).

  • «La situación queda perfectamente clarificada, la propuesta de la dirección ha quedado avalada, … sentimos radicalmente legitimada nuestra posición» (Ramón Espadaler, secretario general del partido): La principal duda que se genera es si el Sr. Espadaler se cree realmente lo que dice o no. Aunque no sé cual de las dos alternativas es peor, porque, paradójicamente, ambas son ejemplo paradigmático de lo que no debería ser un político: muy tonto (ignorante, en el mejor de los casos) o demasiado listo (en versión taimado y maquiavélico mentiroso). Por otra parte, ni nos imaginamos cual habría debido ser el resultado para que la situación no estuviera “perfectamente clarificada” y su posición “radicalmente legitimada” ¿Qué décima de porcentaje de votos de diferencia entre 0,9 y CERO? 

El Sr. Espadaler interpretando la respuesta.
¿Qué más queda añadir? Desde el punto de vista de la Calidad y la Excelencia, nada. Porque podemos entender que los políticos, obedeciendo a un elemental y primitivo instinto de supervivencia como colectivo, vendan humo o se esfuercen en retorcer y sesgar la realidad en su relación con sus electores, pero lo que no es de recibo, lo que demuestra su más absoluta incapacidad de regeneración, es la aplicación de los mismos bastardos principios dentro de su propia casa, se supone que ahora en defensa de prebendas y cotas de poder mezquinamente individuales, haciendo tabla rasa sin inmutarse lo más mínimo, no ya de complejas fórmulas matemáticas, sino de la más elemental aritmética y sentido común.

Menudo espectáculo. Nunca un partido ha hecho más honor a su nombre, transmutado en adjetivo: Han dejado el partido partido. Un partido que, por si fuera poco y para más inri, se llama Unió.

Nota: Este artículo no pretende establecer juicio de valor alguno sobre la consulta, ni sobre la respuesta, ni sobre la esencia de la misma, es decir “el proceso”. De hecho, a los efectos del blog, ni nos importa, más o menos lo mismo que al 35% de los militantes de Unió.

jueves, 4 de junio de 2015

Unió: la pregunta

Cinco meses han transcurrido desde mi última y escueta publicación, la cual reproduzco en su totalidad como preámbulo:

«Más allá del escepticismo: Con esto (con NADA) está dicho TODO. Sólo espero que 2015, plagado (1) de citas electorales, insufle algo de coherencia y responsabilidad a nuestra clase política, improbable circunstancia que puede hacerme recuperar la inspiración. Hoy por hoy, no merecen ni una letra.»

Pues bien, con la perspectiva que ofrecen las citas ya consumidas (autonómicas andaluzas, locales y autonómicas generales) puedo afirmar que mis cándidas expectativas no se han cumplido. La falta de coherencia y responsabilidad se ha exacerbado, circunstancia que, en aras de esta coherencia que reclamo de forma persistente, debería situar mi inspiración en niveles irrecuperables. Pero una cosa es la inspiración y otra muy distinta son las ganas de escribir, pulsión que siempre he sentido y que nunca he abandonado, satisfecha en este período con otros menesteres, algunos de ellos también relacionados con la política, los cuales, en dedicación decreciente, probablemente, merecerán atención futura. 

Y la verdad es que temas no han faltado (2) ni faltarán, especialmente con las incalificables (3) elecciones autonómicas catalanas del 27-S y las generales con fecha todavía sometida a especulación. Y esta verdadera avalancha de temas objeto de atención, que percibo como de una magnitud nunca alcanzada, es la que hace innecesaria inspiración alguna, trasladando el verdadero problema a la selección de contenidos, problema que será resuelto aplicando una discrecionalidad absoluta, exenta de toda priorización cualitativa, guiado únicamente por el impacto emocional del momento, eso sí, siempre dentro del alcance del blog: la relación de la Política con la Calidad y la Excelencia, desde el punto de vista del cliente, es decir del elector, aplicando criterios empresariales (4) a su proveedor, es decir, la clase política.

La pregunta de Unió (i U)
Y el tema de hoy tiene como protagonista un partido llamado unió democrática de Catalunya (5) (siglas UDC) más conocido —supongo que muy a su pesar— por una conjunción copulativa (6) seguida de una sola letra «i U» indicación más que evidente de una cierta contracción tanto de siglas como de alcance y de concepto. Pues bien, resulta que inmersos en el galimatías del «proceso» (7), sienten la necesidad de consultar a sus 5.000 militantes sobre el grado de soporte (también llamado «compromiso») con el mismo, para lo que han elaborado una pregunta que les será planteada el próximo día 14. Esta pregunta y las declaraciones que la justifican son las que se han ganado a pulso mi atención. Veamos:

«La dirección de Unió propone que el proceso continúe con condiciones»

La pregunta se define como «una fórmula inclusiva que recoge todas las sensibilidades del partido...», «su enunciado evita la dicotomía entre independencia y confederación» (Ramon Espadaler, secretario general) (8).

¿Queréis que Unió Democràtica mantenga su compromiso con el proceso, desde el catalanismo integrador y de acuerdo con los siguientes criterios?

A resaltar el tono coloquial y de proximidad, el sobreentendido profundo significado del mono-término sujeto de la consulta y la cuadrática ambigüedad que resulta de la combinación de los términos “catalanismo” e “integrador”, extremadamente ambiguos en sí mismos. Siguen los criterios, todos ellos, excepto el último, con una aclaración en el original entre paréntesis, debidamente comentados.

1 - Soberanía (no poner límites a la aspiración de plena soberanía)
Redundante, una aspiración de "plena" soberanía, por definición no tiene límites.

2 - Democracia (tomar todas las decisiones de forma democrática)
Obvio, faltaría más. Desacertada puntualización que, por sí misma, presupone la posibilidad de tomas de decisiones no democráticas (se ignora si se refieren a democracia interna o externa).

3 - Diálogo (gestionando el proceso desde el diálogo entre los gobiernos catalán y español)
Solamente criticable el empleo de la preposición "desde" que sugiere un origen pero no un final. Sería más aceptable sustituirla por "mediante", que deriva de mediar y puede también interpretarse como "con la ayuda"

4 - Seguridad jurídica (excluir la declaración unilateral de independencia o un proceso constituyente al margen de la legalidad)
El único problema, no menor, es qué se entiende por "legalidad". Por lo tanto, indefinición.

5 - Europa (descartando cualquier escenario que implique estar fuera de la UE)
Buenismo puro y duro. No depende del "proceso" sino de la UE.

6 - Cohesión social y territorial
Probablemente sin paréntesis explicativo por la infinita dificultad de profundizar en su significado.

A continuación dos casillas con SI o NO (decisión unívoca, impropia de los infinitos matices subyacentes en la retorcida redacción, únicamente eludible mediante la abstención).

Concluyendo, no quisiera estar en la piel de los 5.000 militantes llamados a consulta, en especial tras las declaraciones del propio Espadaler de hace dos días asegurando que «la consulta interna del 14J no será ambigua». Caramba con la concreción. Ardo en deseos de conocer el resultado y las consecuencias de todo esto.

De momento, Calidad y Excelencia, poca. Política, mucha. Y mucho alimento para mi escepticismo, renovado recientemente. Continuará.


NOTAS:
  1. Ahora, al leerlo de nuevo, caigo en la cuenta de la connotación peyorativa del adjetivo, derivado de «plaga».
  2. El espectáculo poselectoral, tanto de los emergentes como de los ya flotantes, está resultando absolutamente impagable.
  3. Tómese como literal: ni los promotores ni los protagonistas se ponen de acuerdo en su calificación (plebiscitarias o no, trascendentales, soberanistas, independentistas, etc., etc.).
  4. La correlación entre Política y Empresa está esbozada en “Empezando por el principio”.
  5. Mayúsculas y minúsculas según el panel de fondo de foto de la Vanguardia (3-06-2015, reunión en la sede del partido). Queda bastante clara la relación jerárquica entre los tres términos: menos unión, menos democracia, más Catalunya. Los partidos nunca hacen nada a humo de pajas.
  6. El orden en la cópula parece indicar una cierta subordinación, es decir, más que dar, recibe (de Convergència, se entiende).
  7. Hace ya tiempo que en Catalunya se ha convertido en tema omnipresente por lo que deja de adjetivarse.
  8. Todas las frases entrecomilladas pertenecen al artículo citado en 5.

jueves, 19 de junio de 2014

Del punto al Círculo ¿Política o Geometría plana?

Punto y Círculo
La inopinada aparición en el espectro político del partido Podemos ha situado la palabra Círculo en lugar preferente del vocabulario, circunstancia que ha despertado en mí recuerdos perdidos en la más recóndita profundidad de mis neuronas, archivados y oxidados desde hace más de medio siglo. Y dado que mi conocimiento del término es estrictamente geométrico, apoyado de forma concreta y aséptica en el tercer postulado de Euclides (1), no me he podido sustraer al deseo de explorar la hipotética relación entre Política y Geometría, dando por supuesto que el bautizo con esta palabra de una de la iniciativas estrella del partido estrella, debe tener un profundo y concreto sentido político, metafóricamente distinto, por ejemplo, al de un Cuadrado. Por descontado, todo lo que sigue no es más que un divertimento con el fin de entretener y estimular la reflexión.    

Punto:
Geométricamente hablando un punto es adimensional y se define como la intersección de dos líneas, definición recursiva donde las haya, como veremos en el apartado correspondiente. Ahora bien, si llevamos el punto al contexto político, su condición de adimensionalidad le concede una categoría conceptual de primer orden. No siendo nada, expresa una posición en el espacio, posición que en política no puede representar otra cosa que un origen o un final. No en vano se habla de los “puntos” de un programa, puntos que deberían entenderse como objetivos, como lo que se quiere conseguir, como compromisos de los cuales habrá (o habría) que dar buena cuenta ante los electores. Por descontado, y lamentablemente, también se utiliza de forma exagerada para definir la herencia del enemigo, en este caso, en una interpretación sesgada y bastarda, el “punto” de partida. Ni que decir tiene que prefiero su utilización como objetivo de futuro, porque en mi escala de valores políticos, la cúspide la ocupa el programa, el cual, desgranado convenientemente en “puntos”, es el que permite (o debería permitir) a los electores hacer oír su voz con conocimiento y propiedad cada vez que les preguntan en las urnas. Por lo tanto, nada que objetar, a pesar de su connotación estática, me encanta el “punto” político

Línea:
Una línea es una sucesión de puntos. Dicho esto, si queremos llevar la línea al terreno político deberemos acotar su infinitud y dejarla en un segmento, lo que nos permite visualizar un principio y un final. Y consecuentemente, un camino. Porque se habla de la “línea” política. A diferencia del punto, que expresa una posición estática (un adónde), una línea expresa movimiento y acción (el cómo) y, al igual que el punto, puede utilizarse a priori, como un compromiso o a posteriori, como balance o crítica. O sea que, en primera instancia, la utilización de la “línea” en un contexto político me parece de lo más apropiada y deseable. Lo que sucede es que, a diferencia del punto, el cual es una singularidad, una línea (o un segmento), compuesta por puntos, no tiene porqué ser recta. De hecho, en política, casi nunca lo es.

Porque una línea, además de recta, puede ser curva, tortuosa, incluso quebrada. Puede ser también horizontal, vertical o inclinada. Puede ser parabólica o hiperbólica. Y todos estos tipos de línea geométrica definen con precisión la línea política de un individuo (2), organización o partido, con la dificultad añadida de que cambian con el tiempo y acostumbran a mimetizarse con su entorno. Quizá otro día me dedique a establecer correlaciones, pero hoy queda aquí el planteamiento para quien quiera entretenerse. En cualquier caso, con toda su dificultad, lo dicho no desmerece en absoluto el hecho de que conocer la “línea” política de “lo político” es, como he dicho anteriormente, no sólo apropiado sino deseable y metafóricamente comprensible.

Círculo:
Circulo es el conjunto de los puntos de un plano que se encuentran contenidos en una circunferencia. Por lo tanto, un círculo es el contenido, no el envoltorio. Y esta definición es también perfectamente extrapolable al ámbito político, con la única salvedad que, según expresa en su web el partido patrocinador del invento, agrupa personas e ideas. Pero antes de esto, ahondemos un poco en la geometría, en especial en el envoltorio, la circunferencia, una línea muy, muy especial: «La circunferencia es una línea curva cerrada y plana cuyos puntos están a igual distancia de otro fijo que se llama centro». Observarán que he subrayado cinco términos, de los cuales dos («línea» y «punto») nos son conocidos y tres son nuevos, lo que nos lleva a concluir que caracterizan el círculo.

El primero de ellos («cerrada») ya no me gusta un pelo. Se trata de una línea sin principio ni final, un bucle recursivo infinito que, por si fuera poco, ejerce también el papel de límite o frontera, estableciendo una diferenciación clara entre los elementos que están dentro y los que están fuera, lo cual, geométricamente, además de servir de base a la teoría de conjuntos, es clarificador, pero me cuesta más encajarlo en el ámbito político. Lo lamento, pero a pesar de la nebulosa y seráfica justificación del patrocinador, me suena a registro voluntario de ideas e afinidades, por lo que a mí, que no me esperen (3).    

El segundo («plana») es geométricamente obvio, por lo que no se debería prestar más atención, más allá del recurso fácil de calificarlo de falto de “grosor” político y de perspectiva. Pero no pienso hacerlo. 

En cuanto al tercero («centro»), como descarto la centralidad política, me evoca el modelo heliocéntrico copernicano, muy en línea con el giro que pretende dar a la política el partido patrocinador, caracterizado hasta ahora, por exhibir (de buen grado o por desmesurada atención de los medios) hasta la saciedad la figura visible en torno a la cual gira y se articula su mensaje. Resumiendo, los puntos (personas e ideas) contenidos en la línea cerrada (límites), giran en torno a un punto común (que también será una persona y sus ideas) llamado centro.

O sea, que, a diferencia del Punto y la Línea, la utilización política del término Círculo no me convence. Lo cual no es óbice para considerar completamente legítimo el hacerse miembro de uno. Y como resumen final, en mi caso, me encanta estudiar los Puntos de un programa político, me interesa enormemente conocer o estudiar la Línea política de políticos o partidos, pero no me interesa nada el significado ni la función de un Círculo político, sea de Podemos o de cualquier otro, Porque el ejemplo, visto el éxito del invento, quizás cunda.

Notas:
1 – Se puede trazar una circunferencia con centro en cualquier punto y de cualquier radio.
2 – Sin ánimo peyorativo.
3 – Ya tengo bastante con Google, Facebook, Android e Internet.

jueves, 5 de junio de 2014

Representatividad y Asepsia

¿Quién me representa? ¿Vale realmente la pena?
Me va a resultar francamente difícil empezar esta entrada sin una mínima referencia al período de silencio (casi tres meses), cuyas causas tienen mucho que ver con el tema de hoy. Pero, por ahora, será suficiente justificar el mismo con un notable aumento de actividad en el ámbito político que ha monopolizado prácticamente mis recursos físicos y mentales hasta el punto de esterilizar mi natural querencia a la escritura, vista como el resultado de un proceso creativo por excelencia, cuya primera y agradecida fase es pensar. Por lo tanto, puedo asegurar que la tarea en la que estoy —todavía— metido, ha sido —y es— tan gratificante y absorbente que no lo he echado de menos. Y me refiero tanto a pensar en política como a escribir sobre ella.

Se preguntarán (yo lo he hecho) qué es lo que ha llevado a un escéptico político redomado, ferviente defensor de la inacción activa, a involucrarse en un proyecto político hasta el punto de olvidar su cita periódica con la pluma y papel virtuales. La respuesta es simple: Encontré —o creí haber encontrado— la piedra filosofal, la respuesta a todas mis inquietudes, la recuperación de la confianza en la política, la confirmación de que no todo estaba perdido, que existía esperanza de cambio, de regeneración o, por lo menos, que existía una percha, un banderín de enganche para los desencantados como yo, donde un grupo de personas —pronto verifiqué que muy reducido, casi una élite— luchaba desinteresadamente por conseguir un objetivo clave en cualquier sistema democrático de calidad: la representatividad. Porque la representatividad siempre ha sido, para mí, el concepto que se encuentra en la cúspide jerárquica de la democracia. Pero ya es momento de abandonar las referencias personales (la ética) y centrarme en la vertiente colectiva (la política).

Siguiendo con mi costumbre de generalizar y no personalizar, me abstendré de transcribir el nombre de la organización política que, en forma de partido, ha absorbido buena parte de mi tiempo libre, aunque, a pesar de su escasa implantación en el mercado político, no será difícil su identificación.

Su objeto es simple: brindar a la ciudadanía huérfana de representación política una vía para visibilizar su descontento mediante su voto y su posterior materialización en algo tan concreto y físico como un escaño vacío en las instituciones. La quintaesencia para un racionalista. Adicionalmente, como consecuencia de no ocupar el escaño, ni el elegido ni el partido cobrará sueldo ni subvención alguna. Y la guinda del pastel es que, una vez conseguido que la Ley Electoral garantice la representatividad del voto en blanco, el partido ¡se autodisolverá! (como en Misión Imposible)1. Para mí, todo un descubrimiento. Pues bien, basta de preámbulos. Vayamos al título.

Representatividad:
Este es un concepto capital. En este blog siempre he defendido que los políticos son nuestros representantes, en los que hemos delegado la gestión de la cosa pública, especialmente a través de nuestros impuestos. Para esto los votamos. No es momento de entrar en más profundidades respecto a si votamos partidos o personas físicas. En cualquier caso, en el estado actual de la cosa, resulta secundario. Votando a un partido, delegamos en él y en sus políticos nuestra representación. En terminología empresarial, los políticos son los proveedores y los electores los clientes. Y los clientes, además de siempre tener razón, deben estar satisfechos. Y el enorme déficit de nuestro sistema es, precisamente, la falta de representatividad de los insatisfechos, a los que sólo les queda la abstención, el voto nulo o el voto en blanco como forma de expresión de su posición crítica, acciones sin consecuencia alguna y, por descontado, ausentes de toda representatividad formal. Esto determina la exclusión del sistema de una significativa parte de la ciudadania que en las recientes elecciones europeas, ha superado la mitad del censo (52,87%). Por lo tanto, la crisis es de representatividad y corregir este déficit representa una prioridad total. De ahí mi sintonía con el proyecto. Pero hay más.

Asepsia(2):
Para una mentalidad analítica, que gusta de hacer las cosas una detrás de otra, en secuencia, resulta absolutamente fundamental establecer una escala de prioridades que determine el orden de actuación. Y ya hemos establecido como primordial la representatividad. Nada hay más ineficaz y, por ende, más ineficiente que la dispersión de esfuerzos en una estéril multitarea que como pollo sin cabeza vaga sin rumbo entre complejidades conceptuales que sólo impresionan a la galería y satisfacen el ego del sujeto político de turno. Por esto, para mí, el discurso político debe ser aséptico, libre de toda contaminación que le aleje del objetivo principal: la representatividad. Y para esto, el discurso debe ser entendible y comprensible, destilado y concentrado en la esencia de lo que se pretende. Y contra más evidente, concreto, material y físico sea al objetivo, mejor. ¿Qué puede haber más concreto que un escaño vacío
Haciendo uso de la definición, procede ejecutar «un conjunto de procedimientos científicos destinados a preservar de gérmenes infecciosos el organismo...», organismo político, añado, es decir, el partido. Y estos gérmenes —como lamentablemente he podido observar desde dentro— son la pérdida de perspectiva y el deseo de extender las actividades más allá de la simple y, paradójicamente, compleja exigencia de representatividad, pudiendo dar al traste con todo el proyecto. Los grandes conceptos arrastran con ellos la indeseada y onmipresente incertidumbre del lenguaje, potentísima barrera para la comunicación y el entendimiento. ¿Qué quiere decir exactamente mejorar «la democracia»? ¿No querremos decir mejorar «a los demócratas»? O, incluso...¿mejorar a «la sociedad»? ¿Quienes somos nosotros para arrogarnos tan grandilocuentes y confusas metas? ¿Porqué no concentrarse en una sola tarea: conseguir la representatividad?

Se olvida que la sociedad es como es —no como nos gustaría que fuera— y que, una vez cumplido el hipotético —y utópico, con perdón— objetivo de representatividad plena, la sociedad tendrá la oportunidad de elegir con libertad cualquier opción, y que, entonces, la praxis política será un reflejo fiel de la ciudadanía, la cual, a fin de cuentas, en democracia, ha sido, es y será soberana. Y cuando esto suceda, a disolverse y quien tenga vocación política, que la ejerza desde su puesto. Y si la vocación resulta insostenible, no será por falta de otros partidos con manifiestos, programas y estatutos mucho más complejos y profundos que éste (no sé si tan auténticos).

Conclusión:
El descubrimiento de un partido con un objetivo concreto, físico, único, claro, mensurable, asumible por cualquiera e ideológicamente transversal, que coincidía al 100% con mi análisis del sistema político y su déficit fundamental, representó todo un shock, lo que me llevó a abandonar mi escepticismo e involucrarme en el proyecto, a sabiendas de la dificultad intrínseca, pero feliz de no encontrarme solo en el empeño. Y la verdad es que ha sido gratificante, en especial, la calidad y el compromiso de las personas que he conocido. Pero el mismo hecho de haber encontrado tiempo para pensar y escribir este artículo no me parece buen síntoma. Recientemente, con motivo de un debate sobre la posición formal del partido frente a cuatro conceptos con mayúscula (Abdicación, Referéndum, Monarquía, República), he apreciado una cierta crisis de identidad que me ha hecho sentir profundamente incómodo, asistiendo a reiterativas discusiones conceptuales que no conducen a nada y que diluyen el concentrado al que me refería anteriormente: la representatividad. Quizá todo sea problema mío, y no haya sido capaz de entender y comprender el manifiesto y el programa, pero no lo creo. En todo caso, esto parece ser extensivo a muchos miembros. Siempre he mantenido que «la calidad de una proposición es inversamente proporcional al número de interpretaciones que admite». Y para mí, el manifiesto es de extraordinaria calidad. Es más, lo calificaré de excelente. Y el problema es que, cuando abandonamos la compleja simplicidad del escaño vacío, salen a la luz las diferencias ideológicas y culturales, incluso éticas, cuya privacidad era (3) uno de los mayores valores del colectivo y, por extensión, del proyecto. 

Y con esto, desaparece la Calidad y la Excelencia y triunfa la Política. Pero no la que deseo (deseamos), sino la que tanto he (hemos) denostado. Esperemos alguna vacuna. Seguiremos informando (4)

 Notas:
1. Espero que esto no sea premonitorio
2. asepsia (RAE).
(Del fr. asepsie).
  1. f. Med. Ausencia de materia séptica, estado libre de infección.
  2. f. Med. Conjunto de procedimientos científicos destinados a preservar de gérmenes infecciosos el organismo, aplicados principalmente a la esterilización del material quirúrgico.
3. Tiempo verbal en pasado.
4. Esta entrada puede leerse tanto en clave interna (compañeros del partido) como externa. En este último caso, puede ser ilustrativa de la situación en que se encuentra lo que pudiera ser el último reducto de autenticidad de un pequeño elemento atípico aquejado de fiebre en riesgo de ser reabsorbido y metabolizado por el sistema.

domingo, 16 de marzo de 2014

Corrupción «de bolsillo»

«La calidad de una proposición es inversamente proporcional al número de interpretaciones que admite». 

Corrupción potencialmente punible
(no indultable, según el ministro).
El ministro de Justicia, en un momento en el que los casos de corrupción están en el punto de mira de la sociedad, se engorda  la lista de políticos imputados, ante sonadas peticiones de indulto, tras asegurar textualmente (1) en una conferencia en Barcelona que «el Gobierno no ha concedido un solo indulto por un delito de corrupción y mientras sea yo ministro no los va a conceder», se vio forzado el día siguiente a puntualizar que se refería específicamente a «ningún político que se haya llevado el dinero a su bolsillo».

Estos son los hechos que han inspirado esta entrada. Pero no me voy a dedicar al fondo de la cuestión, es decir, a si es más o menos cierta la lapidaria, rotunda y absolutista afirmación pública de «no haber concedido un solo indulto...», ni a entrar a discutir el significado normativo (2) o coloquial del término «corrupción», temas a los que los políticos, medios y tertulianos profesionales ya les han dedicado exhaustiva atención (3). A lo que me voy a dedicar es a criticar la forma, no lo que se ha dicho, sino quién, cómo, dónde y porqué se ha dicho lo que se ha dicho, habida cuenta de que el quién es todo un ministro de Justicia y los dónde son toda una facultad de Derecho (afirmación) y el Congreso de los Diputados (puntualización). Y esta triple circunstancia, en mi opinión, es la que le concede una especial categoría.

Respecto a la primera frase (la afirmación), aceptando y concediéndole al ministro todo el derecho a presumir, sólo me permitiré calificarla de arriesgada, debido fundamentalmente a la incertidumbre inherente que subyace en el término, a pesar de su formal escapatoria basada en el irreprochable —por cierto— argumento de que el delito de corrupción «no existe» o, en sus propias palabras, «no es un delito jurídico que esté como tal delimitado en el Código Penal» (4). Es decir, evacuar una afirmación tan rotunda y pretendidamente indiscutible, apoyada en una triquiñuela formal parece más propia de un trilero (5) que de un ministro de Justicia.

Pero lo que realmente me subleva es la segunda frase (la puntualización), en especial la utilización de los términos «dinero» y «bolsillo» y la duda que me asalta en cuanto a si se han pronunciado en sentido metafórico o real. Porque, a la luz de la experiencia anterior, todo es posible. En cualquier caso, la situación la podemos replantear de la siguiente forma:

El ministro de Justicia afirma que no va a conceder ningún indulto a ningún político que «se haya llevado el dinero a su bolsillo». De lo que se desprende —y nadie lo podrá negar— que el ministro de Justicia podrá conceder el indulto a políticos que «no se hayan llevado el dinero a su bolsillo». Es decir, quedan excluidas propiedades inmobiliarias, cuentas en Suiza, dinero bajo la baldosa o el colchón (ha trascendido que algún sindicalista encausado lo guardaba allí), trajes de Armani, bolsos de Vuitton, relojes Rolex, bolsillos ajenos y cualquier cantidad que no quepa en sus propios bolsillos (el plural lo pongo yo), lo que reduce el objeto del delito a simple calderilla.

Ni que decir tiene que el tratamiento festivo únicamente pretende plasmar de forma grotesca la superficialidad con la que muchos de nuestros políticos emplean el lenguaje, tanto de forma inadvertida —por ignorancia o incompetencia— o premeditada —por perversión o intereses bastardos—, superficialidad que, en ambos casos, es criticable y exponente de la baja calidad y excelencia de quienes caen en defectos o excesos de esta índole.

Volviendo al título: corrupción minimalista, «de bolsillo», simple calderilla (Gallardón dixit).

Notas:
1  En lenguaje coloquial: «sacando pecho».
2 – Corrupción (RAE): 4. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.
3 – Quien desee profundizar en estos temas y asistir a las declaraciones del interfecto puede consultar este enlace.
4 – Aquí no se me ocurre otra cosa que decir... ¡pues a ver si lo delimitan!
5 – Trile (RAE): 1. Juego callejero de apuestas fraudulentas que consiste en adivinar en qué lugar de tres posibles se encuentra una pieza manipulada.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Voto secreto, Coño público

La verdad es que me lo han puesto «a huevo». Y utilizo esta palabra con pleno conocimiento de causa, emulando su sonada utilización por parte del presidente del Congreso (si bien es cierto que robada por un micrófono indiscreto) e intentando ponerme a la altura del debate parlamentario. ¿Porqué? Pues porque no esperaba encontrar tan rápido un tema al que hincarle el diente. Y el catalizador ha sido la jornada de ayer en la cámara magna, en el templo donde se retratan diariamente —excepto en sus prolongados y reparadores períodos vacacionales— nuestros «representantes».

Deseo puntualizar que en estas reflexiones no se va a efectuar ningún juicio de valor sobre el protagonista principal: la Ley Orgánica de Protección de los Derechos del Concebido y de la Mujer Embarazada (vulgo despectivo: Ley del aborto de Gallardón), más allá de señalar que se encuentra en fase de anteproyecto y que ya está dando mucha guerra, como lo demuestra la sesión de ayer.

Aquí, voto público... ¡¡¡ SIEMPRE !!!
El objeto principal de reflexión es el voto «secreto» en la Cámara. Por descontado, no voy a poner en duda su legitimación democrática —que es la máxima—. Lo que voy a criticar es su utilización en un foro —el más importante— donde la transparencia debería ser la norma fundamental. Creo indiscutible el derecho de todos nosotros —los clientes— de conocer el voto de nuestros representantes, lo que implica que debe ser público. Formalmente, no hay nada que objetar, dado que el Reglamento del Congreso lo permite (1) y se ha solicitado y realizado conforme a lo reglamentado, pero sorprende que esta modalidad se haya utilizado con anterioridad únicamente en dos ocasiones (2), lo que le da un carácter exótico, de singularidad indiscutible, que me lleva a extender mi reflexión a las causas de este extraordinario suceso.

Es bien sabido que —en este caso, vulnerando el Reglamento (3)— las votaciones de cada grupo son un reflejo gregario y masivo de la postura del partido, expresada sin ambages —incluso gesticulando— por el portavoz, en un papel que, desgraciadamente, se percibe como el de pastor de un rebaño (me resulta increíble que ellos no perciban lo mismo). Y que toda desviación del balido colectivo es severamente castigada. Pero, a fin de cuentas, no se esconden —probablemente, ni les importa— y las votaciones son públicas. Podríamos pues suponer que, en contadas ocasiones —tres, hasta la fecha—, a algunos diputados les da la vena democrática extrema y se sienten impelidos a rehuir reglamentariamente la obediencia gregaria, solicitando el voto «secreto».

Pero no es así. En este caso, fue solicitada por el principal grupo de la oposición para votar una proposición «no de ley» de retirada INMEDIATA —las mayúsculas son mías— del anteproyecto de Gallardón. Pero no se engañen, no se trataba de elevar el nivel democrático de la práctica parlamentaria, sino de abochornar al partido del Gobierno, explotando hipotéticas —y deseadas— discrepancias en su seno, para ponerlas en evidencia. Una justificación bastarda, en ningún modo práctica ni altruista, dado que conocían de antemano el resultado: la pérdida de la votación (4). Es decir, un jueguecito de baja estofa política que nada aporta al fondo del problema, que existe y es importante. Por si esto fuera poco, los miembros del grupo del Gobierno, siguieron el juego y, haciendo tabla rasa de sus convicciones declaradas, hicieron piña con el único objeto de «devolver la pelota». Ejemplarizante.

Pero no acabó ahí la cosa. Como un reflejo más de la (escasa) altura dialéctica de algunos de nuestros representantes, una parlamentaria concluyó su intervención con la contundente deposición: «Señorías, en una frase: en mi coño y en mi moño mando yo y solamente yo», frase que me libraré muy mucho de discutir por su generalidad, probablemente extensible a la totalidad del género femenino (con excepción de sus estancias en la peluquería —aclaro: solamente en el caso del moño—).

Lo dicho: Voto secreto, Coño público, cuando mi sensibilidad como cliente político hubiese preferido precisamente lo contrario: Voto público y Coño secreto.

Calidad, Excelencia y... Política: ¿Dónde estáis?

Notas:
1 - Si lo solicita una quinta parte de los diputados (70 de 350).
2 - El GAL (1995) e Irak (2003).
3 - «El voto de los Diputados es personal e indelegable...» Artículo 79.
4 - 151 si, 183 no, 6 abstenciones  (PP, presentes179 de 186).

miércoles, 13 de junio de 2012

NC9 - Ni Crisis, ni Tomate, ni Rescate :-(

La triple negación del título encierra un acertijo que intentaré desvelar a lo largo de la publicación. Sólo una de las tres negaciones es verdad absoluta. Y digo esto con todas las implicaciones filosóficas que subyacen en una afirmación tan rotunda.

El tema que he traído al blog no es nada original. Probablemente, todos estemos algo cansados de la repetición obsesiva de términos y titulares que están empezando a conseguir que me resulte cada vez más difícil seleccionar temas para tratar. La avalancha es tal que me está superando y estoy considerando seriamente abandonar la tarea, la cual, además, se vuelve transnacional.
Pero, aún así, voy a intentar darle un enfoque nuevo al tema, explotado ya hasta la saciedad en la prensa, los medios audiovisuales e Internet.

La cantidad de información publicada es tal que, en algún caso, me veo obligado a omitir las fuentes, aunque todos los hechos que voy a incluir son fácilmente verificables. Por lo tanto, me voy a permitir entrecomillar textos que, no siendo referencias textuales, intento objetivar al máximo. De esta forma, cada hecho queda claramente diferenciado de los comentarios que le acompañan. Además, de forma excepcional, personalizaremos los sujetos de los hechos utilizado su apellido.
  • 20-05-2012 Rajoy declara “No va ha haber ningún rescate de la banca española”.
  • 08-06-2012 “Si quieren saber, pregúntenme a mí. A menos que alguien sepa más que el Presidente del Gobierno”. Modesto que es.
  • 10-06-2012 (el día después) Rescate a la banca” (La Vanguardia), Rescate sin humillación” (El Mundo), "Rescate a España" (El País). Los tres principales periódicos utilizan un vocablo negado por el Presidente.
  • Guindos declara que “no se trata de un rescate sino de una línea de crédito” y que comparece él y no el Presidente, porque él es el miembro del Eurogrupo que ha cerrado el trato.
  • Rajoy asiste al partido España – Italia. Aduce que hablará de la crisis con el Presidente polaco. Curiosamente, a la crisis la llama por su nombre. Dedo en ojo de Zapatero. Son como niños.
  • 11-06-2012 El Mundo revela un e-mail de Rajoy a Guindos, en plena negociación: “Aguanta, somos la cuarta potencia de Europa. España no es Uganda”. Frase cuya segunda parte es una obviedad y que ha arrasado en la red. Prueben “#españanoesuganda” o “#ugandaisnotspain” en Twitter y podrán comprobar la extraordinaria creatividad y sagacidad de los internautas. Por otra parte, representa un cambio sustancial (no sé si mejor o peor) respecto a la esgrimida hasta ahora: “España no es Grecia”.
  • El representante de Uganda (no tiene embajada en España) declara al diario Qué: “A nosotros no nos han tenido que rescatar, ni hemos pedido ayuda. Hemos pasado de un 25% de inflación a un 18% con una banca nacional africana y sin pedir ningún préstamo, cosa que no pueden decir otros países… Como España”. Que bochorno...
  • “You Say Tomato, I Say Bailout” (“Tú dices tomate, yo digo rescate). Ya salió el tomate. Nos han visto el plumero. Al parecer, es la forma habitual en la lengua inglesa de plantear eufemismos: “You say tomato, I say …”. Qué maravilla, pues además rima. (Pulsar aquí para consultar Time.com).
  • 12-06-2012 ”Las dudas sobre el rescate golpean a España e Italia” (El Mundo).
  • 13-06-2012 ”Colapso del mercado de deuda por el temor a Grecia” (La Vanguardia), “La deuda soberana de España e Italia fuera de control”, “El bono a 10 años cierra en máximo histórico del 6.71%” (El Mundo), “El acoso a la deuda española se acentúa” (El País). Resumen: Récord de la prima de riesgo.
  • “Rajoy delega los debates internos y se refugia en la agenda internacional” (La Vanguardia). Según la misma información, después de la sesión de control de hoy, no se presentará en el Congreso hasta el ¡11 de Julio!
  • En la sesión de control, Rajoy, ante requerimientos explícitos, elude referirse al rescate, calificándolo de "crédito a la banca". Este parece ser el eufemismo "presidencial" preferente. 
  • Christine Lagarde, Directora del FMI declara “Europa tiene menos de tres meses para salvar el euro”. Gran ayuda. Muchas gracias.
  • María Fetker, Ministra de Finanzas austríaca, declara “La próxima en pedir rescate será Italia”. Otra gran ayuda. Gracias en nombre nuestro y de Italia.
¿Cómo empezar a comentar esta pequeña (por cantidad) y enorme (por contenido) muestra de inconsistencias, sandeces, realidades y eufemismos? La primera reflexión que me viene a la cabeza es que, irreversiblemente, la situación española trasciende a su localidad y se sumerge en la globalidad. Hemos dejado de tener el control. Cualquier simple declaración, sea de un político español o foráneo tiene consecuencias sobre el meollo del asunto que nos preocupa: la crisis española. Tan malo es hablar como callar. Bien haremos en dejar de mirarnos el ombligo y empezar a considerar la posibilidad de crear un ente mayor, con poder real y efectivo, donde los problemas de los “socios” se diluyan y compartan. No es el momento de comportarnos como una tribu.

El  hermoso "Rescate" de Rajoy
Si es cierto que el lenguaje crea la realidad, entonces los políticos son aprendices de filósofos poco aventajados. Probablemente, la resistencia por parte de Zapatero a utilizar el vocablo “crisis” respondería a un ingenuo intento filosófico de negar su existencia real (por lo menos, en la percepción de la clientela política). La utilización en su lugar de eufemismos tales como “desaceleración” o “crecimiento negativo” pretendían dar carta de naturaleza a sinónimos “descafeinados”, olvidando que la “crisis”, al ya estar en boca de todos, existía realmente. Otro tanto se puede decir de Rajoy y Guindos referente al término “rescate” y sus sustitutos “línea de crédito”, “ayuda”, “crédito a la banca”, “préstamo”, etc. Vana pretensión. Rescate y no Tomate. Nos lo ha tenido que decir la revista Time.

Y qué decir de la referencia a Uganda. Mejor estar callado. Sin entrar en consideraciones éticas, a pesar de tratarse de una filtración y de estar en forma de e-mail, un Presidente del Gobierno puede y debe inferir que las probabilidades de que una tontería de este tipo llegue a la opinión pública son enormes, con un coste incalculable en descrédito dentro y fuera de nuestras fronteras.

Esta utilización tan superficial de las palabras, combinada con la resistencia a su presencia en el Congreso para hablar del rescate, es impropia y conforma una imagen del Presidente que se sitúa en los antípodas del liderazgo tan necesario en estos momentos difíciles, representando además una absoluta desconsideración a las expectativas de los clientes políticos de toda condición (entre los que me incluyo) las cuales, como mínimo, exigen un tratamiento racional del lenguaje y la voluntad de afrontar los problemas de frente y no de perfil, tratándonos como adultos y no como niños imberbes.

Por lo tanto, poca Calidad, ninguna Excelencia y No Conformidad sin paliativos. Y se la colgamos a los Presidentes (el actual y el anterior). En cuanto al título, corrijo: Crisis y Rescate, no Tomate.

“Piensa como piensan los sabios, pero habla como habla la gente sencilla” (Aristóteles)