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miércoles, 27 de junio de 2018

¿869.000?


Pocas veces uno de mis artículos se ha nutrido casi al 100% del “corta y pega”. Esta es una de ellas¹.
NOTA: Los atareados o impacientes pueden pasar directamente al enumerado final. No se perderán gran cosa.

El PP se ha considerado siempre el partido con una base más fuerte de España y uno de los más potentes de Europa. Los populares presumen de tener 869.000 militantes. Pero solo 66.384 podrán votar en las primarias que se celebrarán el próximo 5 de julio para elegir al nuevo presidente del partido”.
“Para poder acudir a las urnas hay que estar al corriente de pago de las cuotas y haberse inscrito a tal efecto antes de las 14.00 horas de ayer. Solo el 7,6% de los afiliados al PP cumplen con estos requisitos, según los datos provisionales facilitados esta tarde por el partido” (La Vanguardia).

“Según datos de la CDU, el número actual de militantes se sitúa en los 435.300, mientras que hace diez años el partido tenía 560.000 afiliados”.
“El secretario general del partido, Peter Tauber, destacó a este respecto que la totalidad de esa militancia paga puntualmente sus cuotas, salvo muy contadas excepciones -en situaciones de acusada precariedad- y que en esos casos su aportación corre a cuenta de la agrupación local correspondiente” (La Vanguardia).

“Las advertencias de la exsecretaria general y hoy candidata Dolores de Cospedal de que más del 90% de los militantes no estaba al corriente de pago, y la del vicesecretario Martínez Maíllo de que sería menos de un 10%, no auguraban nada bueno. Y los datos lo han corroborado” (El Confidencial).

“En 2015, el PP presentó en las elecciones municipales a 61.986 personas. Todos ellos alcanzan casi el número de afiliados que escogerán el próximo 5 de julio entre los seis candidatos a la Presidencia del partido”.
“En los congresos autonómicos de hace un año, donde por primera vez se ofreció a las bases del partido la oportunidad de pronunciarse, prácticamente se apuntaron los mismos, 64.305”.
“En cambio, a la ex ministra Dolors Montserrat, que es portavoz de la candidatura de Cospedal, le pareció que son «muchísimos»”.
García Hernández plantea que directamente se elimine el requisito de la inscripción previa” (El Mundo).

Maillo ha incidido en que el hecho de que sólo entre el 6 y el 10% de los militantes se haya inscrito para votar en la primera vuelta de las primarias no significa «que el resto no exista»”.
“La despreocupación de Maillo ante la baja participación no es nada comparada con la que ha exhibido el portavoz ‘popular’ en el Congreso, Rafael Hernando, para quien si los militantes no quieren votar es porque están «tranquilos», saben que el proyecto del PP «no está en peligro» y están convencidos de que cualquiera de los aspirantes es mejor que el socialista Pedro Sánchez. «Tenemos unos candidatos excelentes, todos mejores que los que se sientan en el Consejo de Ministros», ha dicho Hernando. A partir de ahí, cree que los afiliados son «libres» de decidir si votan o no y por eso no le preocupan las cifras de participación y la diferencia con ese censo de los 800.000 militantes que el partido aseguraba tener. «Me da igual la participación –ha zanjado–. El PP tiene un partido unido y sus militantes no están soliviantados en esta situación. La tranquilidad es total y absoluta»” (República.com).

Maillo ha atribuido esta baja estimación a que los afiliados del partido «no están acostumbrados al proceso que se abre en la formación para elegir presidente» y ha reconocido que la cifra de participación «puede resultar llamativa» En todo caso, considera que "habría que preguntar al resto por qué no quieren participar".
“La mayoría prefiere apoyar al partido con su voto en las elecciones o asistiendo a actos, pero no quiere «tener el compromiso de tomar la decisión» de votar a uno u otro aspirante” (Europa Press).

Y para terminar, un destilado de los recortes anteriores²:
  • El PP dice tener 869.000 militantes (España: 46 millones de habitantes).
  • La CDU dice tener 435.300 militantes (RFA: 87 millones de habitantes).
  • Para poder votar hay que estar al corriente de pago y haberse inscrito.
  • La exsecretaria general y hoy candidata Dolores de Cospedal advierte de que más del 90% de los militantes no está al corriente de pago (ya es gordo que una exsecretaria general admita eso sin sonrojarse).
  • El secretario general de la CDU destaca que la totalidad de la militancia paga puntualmente sus cuotas.
  • En 2015, el PP presentó en las municipales a 61.986 personas (sería de esperar que todos estos candidatos, si son afiliados, estén al corriente de pago y se hayan inscrito).
  • En los congresos autonómicos de hace un año, se apuntaron 64.305.
  • Solo 66.384 (7 de cada 100) podrán votar en las primarias del 5 de julio (es decir, han pagado y se han inscrito. ¿Serán siempre los mismos?).
  • Maillo ha afirmado que esto no significa que «el resto no exista» (se pone trascendente; ya estamos a vueltas con la existencia).
  • También afirma que «no están acostumbrados al proceso» (¿folklore?, ¿costumbrismo?).
  • Y que no quieren «tener el compromiso de tomar la decisión» de votar a uno u otro aspirante (caramba con los afiliados).
  • A la ex ministra Dolors Montserrat le parece que son «muchísimos» (una opinión superlativa).
  • García Hernández plantea que se elimine el requisito de la inscripción previa (muerto el perro, se acabó la rabia).
  • Rafael Hernando asegura que los militantes no quieren votar porque «están tranquilos» (eso seguro, en su casita) y saben que el proyecto del PP «no está en peligro» (eso, por lo menos, es discutible).
  • También afirma que le da igual la participación (prepotente suficiencia) y que la tranquilidad es total y absoluta (será la suya, claro).
Bueno, ahora que cada cual extraiga sus propias conclusiones³. A mí solo se me ocurre una: ESPERPÉNTICO. Supongo que Rajoy, al observar desde Santa Pola cómo ha dejado el partido, estará ojiplático (o no).

NOTAS:
  1. Cada mañana me hago un repaso de los periódicos on-line, por lo que esta operación (el “corta y pega”) no me representa mayor esfuerzo, habida cuenta (es de ley reconocerlo) de que dispongo de bastante tiempo.
  2. Los hechos puros y duros (subrayados y cursiva son aportes propios).
  3. Parece que el 28 (mañana) se comunicarán los datos revisados definitivos. Esperemos que el espectáculo no supere el de hoy. Yo no he podido esperar.

domingo, 24 de junio de 2018

Lo que no podemos saber

Estoy en plena faena (aproximadamente, al 50%) con un excelente libro de Marcus du Sautoy del cual me he apropiado del título para esta entrada: Lo que no podemos saber. El autor es un conocido divulgador, catedrático de matemáticas en Oxford, que dedica esta publicación a explorar los límites del conocimiento humano, en un ilustrativo y esforzado intento de establecer dichos límites y, consecuentemente, de especular sobre la existencia de la inexistencia, basándose en el supuesto, que comparto, de que es la percepción la que crea la realidad. En pocas palabras, lo que no percibimos no existe, entendiendo como percepción, la percepción sensorial, la de los sentidos, es decir, lo que no vemos, oímos, olemos, gustamos o tocamos, no existe (para el sujeto no perceptor, claro está), lo que excluye cualquier introspección mental, intuición, creencia o teoría no verificable o falsable científicamente.

Ni que decir tiene que dado que el libro centra su interés en las fronteras extremas del infinito cósmico y del sub-atómico —con alguna que otra excursión teológica—, nada más lejos de mi intención aquí y ahora el comentar o criticar su contenido o conclusiones, tarea que delego agradecido en quien se considere interesado en las grandes preguntas que plantea el conocimiento actual del mundo físico, tras la más que recomendable lectura del libro. ¿Qué pintan pues sus 570 páginas en esta humilde publicación? Vamos a intentar explicarlo.

No quisiera ser tildado de superficial, pero lo que me impactó del libro fue la primera entrada del CONTENIDO, situado, como a mí me gusta, al principio, tras los créditos y copyrights. Dice así:

Frontera cero: lo que sabemos que no sabemos.

Y lo compré.

Y lo hice porque “saber lo que no sabes” es uno de los principios fundamentales que me han guiado a lo largo de mi ya dilatada trayectoria vital y porque al encontrarme con él en una obra tan especializada rememoré inmediatamente la atención prestada al trabalenguas en mi blog personal, reflejada en tres entradas de las que destaco los párrafos más relevantes, resaltando las coincidencias cuasi textuales:

Saber de lo que hablas, hablar de lo que sabes:

«Reconozco que no se trata de aplicar de forma generalizada el método socrático a todos mis interlocutores, pero sí entiendo que, en determinadas ocasiones, es absolutamente necesario. Porque ya no estamos ante la inevitable y omnipresente incertidumbre del lenguaje —tema que, como he expresado en múltiples ocasiones, me apasiona—, ni ante problemas de contexto —la cómoda escapatoria de todo cultivado incomprendido—, sino ante la ignorancia más supina, llevada de muy mala manera, porque ni es aceptada ni, en muchos casos —y esto es lo peor—, conocida. Es decir, no saben que no saben. Y eso es saber bien poco».

Ignorancia, Humildad, (in)Tolerancia:

«La máxima expresión de la ignorancia es no saber lo que sabes ni saber lo que no sabes. En pocas palabras: (no) saber nada».

Es Verdad, está Bien…:

«En el fondo todo se reduce a «hablar de lo que se sabe» o a «saber de lo que se habla». Y es que no hay nada peor que «no querer saber», porque «no saber que no se sabe» es ignorancia, mientras que lo otro es irresponsabilidad o, en el peor caso, maldad patológica».

¿Cómo podía pues no interesarme una obra que empezaba precisamente por eso: por establecer “lo que sabemos que no sabemos”? Imposible. Y en ello estoy. A partir de ahí, sabido lo que no sabemos, más o menos por la página 300, en un apasionante viaje de la mano de Marcus du Sautoy, explorando los límites del conocimiento humano: lo que no podemos (ni podremos, y esto es mío) saber. Pero esta es otra historia, y ya va siendo hora de acabar con la introducción (había olvidado que estaba intentando explicar la relación entre el libro y esta entrada en el blog).

Pues esta es toda la relación: los evocadores títulos de la obra y del primer capítulo. Nada más.

Y ahí está el libro. Sobre la mesa. Con su hermoso título. Y aquí estoy yo, frente a la mesa. Recapacitando sobre el momento que nos ha tocado vivir. No tanto por la mera evolución vegetativa y su impacto sobre el conocimiento y su permeabilidad —o, mejor dicho, impermeabilidad— estadística en la sociedad, como por la lacerante simplificación del discurso y actitudes de quienes, desde la función pública, deberían dar ejemplo de autenticidad y coherencia, en lugar de intoxicar al personal con una interesada mezcla de pretendidas verdades trascendentes y simbolismos estéticos que, desgraciadamente, encuentran eco en piaras y rebaños de seres pretendidamente racionales.

Y entonces me pregunto: ¿Acaso ellos y ellas creen que lo saben todo? ¿Son capaces de asumir o reconocer algún grado de incertidumbre (por pequeño que sea) en sus lapidarias declaraciones justificativas o premonitorias? ¿Saben lo que no saben? ¿Engañan conscientemente al personal? ¿Son conscientes de que el uso y abuso de las palabras “todos”, “nunca” y “siempre” refleja una ignorancia supina?

Y me digo: vamos a escribir algo. Y ya está escrito.

EPÍLOGO: Como puede apreciarse fácilmente, esta entrada es una aparente digresión, y he estado dudando largo rato si era más apropiada para el blog personal. Pero no nos engañemos. Trata de política, aunque en ella se omite toda referencia identificativa explícita a “ellos y ellas” y sus obras y milagros. Son tantas (las obras y ellas) y tantos (los milagros y ellos) que hacen imposible su conocimiento y enumeración. Esta es una de las muchas cosas que no podemos saber y que sabemos que no sabemos. Pero están ahí. Para nuestra desgracia. En un bucle recursivo que no podrá sino empeorar. Porque no saben que no saben.—o quizá sí, lo que es peor—. Y nadie de los que saben —que los hay— se lo dice. Mientras tanto, seguiré leyendo el libro.

lunes, 20 de julio de 2015

puta barata podemita hipócritas [sic]

Incluso en este tiempo de canícula en el que la preocupación por mantener el gasto de energía próximo al metabolismo basal aconseja, entre otras muchas medidas, no escribir para eludir el ímprobo esfuerzo de pensar siquiera, resulta imposible evitar dedicarle alguna atención al tema de hoy, probablemente anecdótico con la que está cayendo, pero ejemplo sintomático de una acción no corregida situada en los antípodas de la calidad y excelencia política. Tampoco es que el tema merezca demasiadas líneas, pero sirva tanto para dejar constancia del propio hecho y de sus reacciones como para mantener vivo el blog mientras el calor no afloje un poco.

Para que conste...

Hechos comentados (1):

1 - «Que dice esta puta barata podemita hipócritas. Lo que pasa es que llevabais cuatro años sin robar y sis colocar a dedo a todos los lamepollas del psoe» (José Luis Valladolid Lucas, alcalde de Villares del Saz por el PP, 18-07-2015 en su cuenta personal de Facebook).

La verdad es que recientemente hemos sido testigos de la entrada en el debate político de varias intervenciones no demasiado ejemplarizantes en las redes sociales de personajes (hoy) públicos, pero que, a diferencia de ésta, habían sido rescatadas de las catacumbas virtuales y del olvido real con algún que otro bastardo motivo, político, por supuesto, realizadas cuando estos personajillos eran simples “mindunguis” —como cualquier hijo de vecino, entre los que nos incluimos—, excretores de opiniones propias para el consumo exclusivo de sus seguidores virtuales. Ahora bien, éste no es el caso:

Resulta que las ha realizado el pasado sábado todo un alcalde en ejercicio (2), hecho diferenciador que les da una categoría infinitamente más deleznable que cualquier otro desliz virtual conocido. Y las hace en una cuenta con nombre y apellidos, lo cual, en sí mismo, debería ser objeto de loa y alabanza por lo que tiene de transparencia y valentía al no ocultarse bajo un avatar, pero en realidad, síntoma de profunda estupidez o, como mínimo, de inanidad intelectual, confirmada por el lenguaje soez (3), la lamentable ortografía y los errores tipográficos no disculpables por el medio (4) debido a la utilización de un acento correctamente, indicativo de una cierta preocupación por la formalidad.

2 - «Bueno vista la repercusión de mi desafortunado comentario pido perdón por mis palabras en ningún momento pretendia insultar a esta señora a sido producto de una confusion y de un mal dia.pido mil veces perdon» (el mismo sujeto, también en FB).

La verdad, no es que lo arregle demasiado: a) Pide perdón «vista la repercusión...», lo que nos hace inferir que con menor repercusión hubiese mantenido el «desafortunado» comentario; b) ¿a quién quiere convencer de que llamándola «puta barata podemita hipócritas [sic]» no la pretendía insultar?; c) ¿Quién se ha confundido, él o ella? y d) sin duda, el mal día lo ha tenido al mal escribir esta disculpa, todo un despropósito ortográfico (no olvidemos que se trata de todo un alcalde, al que se le debería exigir un mínimo de conocimientos o, en su defecto, que se abstuviera de exhibir sus carencias básicas, en el supuesto que las conozca, claro).  

3 - «El PP de Cuenca rechaza frontalmente este tipo de comentarios, por lo que la Comisión de Derechos y Garantías del PP conquense lo estudiará en los próximos días» (comunicado publicado por Europa Press).

A este enternecedor comunicado poco hay que añadir, más allá del abstracto y ambiguo «estudio» en los «próximos días». No se hernien que hace calor.

Comentarios generales

Vistos los hechos en perspectiva echamos en falta un pronunciamiento descalificador de alto nivel (digamos del Presidente del Gobierno) que resulte ejemplarizante. También hubiera valido (pero menos) el de algún capitoste del Partido Popular (digamos la Secretaria General o un portavoz), toma de posición que en el momento de redactar este artículo (20-07-2015, 13:05) no consta se haya producido. Y esta falta de posicionamiento, incluso de referencia, a este desagradable incidente protagonizado por todo un alcalde del PP, resulta del todo punto inaceptable y es la que nos hace calificar el asunto de ejemplo paradigmático de No Calidad y No Excelencia Política. No estamos hablando de un incidente futbolístico, donde se puede insultar, incluso agredir, impunemente al adversario ante los ojos de millones de espectadores sin que el entrenador o el presidente del club afeen la conducta al protagonista, perdiendo la ocasión de dar ejemplo a propios y extraños, en especial a la juventud, crisol de futuro, alentándoles a emular estas actuaciones porque «todo es gratis». Nos estamos refiriendo a la actividad política, foro público donde todos nos deberíamos ver representados y donde el (buen) ejemplo debería ser la norma. Pero esto es pedir peras al olmo. ¿Cobardía? ¿Sectarismo? ¿Indiferencia? ¿Escala de valores subvertida? Quizá la respuesta es sólo una: Política.

Lo sabido: la misma cosa es buena (silencio o sordina) o mala (rasgado de vestiduras) en función de quien la ejecute. Y así nos va: puta barata podemita (del psoe, por supuesto). Quedamos a la espera de otra del bando contrario. 

Notas:
  1. Los subrayados en las transcripciones literales señalan faltas de ortografía y puntuación y son propios.
  2. No emergente (del PP para más señas).
  3. A resaltar el hallazgo que representa el cambio del venerable y clásico verbo “chupar” por “lamer” en el calificativo dispensado a «todos los ...pollas del psoe», lo que a nuestro modo de ver expresa una cierta suavización del término (con este calor, pensemos en un polo), aunque el nombre del partido en minúsculas los ningunea.
  4. En las redes sociales, la economía tipográfica está normalmente admitida.

lunes, 15 de junio de 2015

Unió: la respuesta

Difícil sustraerse a la tentación de comentar el resultado de la tortuosa pregunta, tentación convertida en irresistible tras la lectura de la surrealista y estrafalaria interpretación dada por sus patrocinadores. Nos limitaremos a comentar los hechos, para lo que nos vamos a apoyar en el siguiente artículo:


  • 1351 votos SÍ = 50,9%, 1226 votos NO = 46,19%, 64,81% participación: Una simple operación aritmética nos dice que al 35,19% de la militancia el asunto planteado se la trae el fresco o su complejidad les ha paralizado. También resulta evidente que la diferencia entre partidarios del SÍ (que significa NO al “proceso”) y del NO (que significa SÍ al ”proceso”) es de 125 votos (sí, está bien, no falta ningún cero).

  • «La situación queda perfectamente clarificada, la propuesta de la dirección ha quedado avalada, … sentimos radicalmente legitimada nuestra posición» (Ramón Espadaler, secretario general del partido): La principal duda que se genera es si el Sr. Espadaler se cree realmente lo que dice o no. Aunque no sé cual de las dos alternativas es peor, porque, paradójicamente, ambas son ejemplo paradigmático de lo que no debería ser un político: muy tonto (ignorante, en el mejor de los casos) o demasiado listo (en versión taimado y maquiavélico mentiroso). Por otra parte, ni nos imaginamos cual habría debido ser el resultado para que la situación no estuviera “perfectamente clarificada” y su posición “radicalmente legitimada” ¿Qué décima de porcentaje de votos de diferencia entre 0,9 y CERO? 

El Sr. Espadaler interpretando la respuesta.
¿Qué más queda añadir? Desde el punto de vista de la Calidad y la Excelencia, nada. Porque podemos entender que los políticos, obedeciendo a un elemental y primitivo instinto de supervivencia como colectivo, vendan humo o se esfuercen en retorcer y sesgar la realidad en su relación con sus electores, pero lo que no es de recibo, lo que demuestra su más absoluta incapacidad de regeneración, es la aplicación de los mismos bastardos principios dentro de su propia casa, se supone que ahora en defensa de prebendas y cotas de poder mezquinamente individuales, haciendo tabla rasa sin inmutarse lo más mínimo, no ya de complejas fórmulas matemáticas, sino de la más elemental aritmética y sentido común.

Menudo espectáculo. Nunca un partido ha hecho más honor a su nombre, transmutado en adjetivo: Han dejado el partido partido. Un partido que, por si fuera poco y para más inri, se llama Unió.

Nota: Este artículo no pretende establecer juicio de valor alguno sobre la consulta, ni sobre la respuesta, ni sobre la esencia de la misma, es decir “el proceso”. De hecho, a los efectos del blog, ni nos importa, más o menos lo mismo que al 35% de los militantes de Unió.

sábado, 8 de noviembre de 2014

2064, todos calvos

o
Cómo mirarse el ombligo, si la artrosis lo permite.

El disparador del tema de hoy ha sido la publicación de un demoledor informe de la UE sobre el envejecimiento en Europa (1) (2), el cual resalta el hecho de que, de cumplirse las previsiones, en 2060, el 15% de la población española tendrá 80 o más años. Y, sin minimizar las preocupantes consecuencias que a nivel europeo se desprenden del mismo, como egoístas que somos, vamos a situarnos en clave doméstica, centrando nuestra atención en el último informe del Instituto Nacional de Estadística (3) publicado el 28 de octubre —calentito, calentito—, el cual, como es lógico, es mucho más detallado y preocupante.

Conviene empezar por la declaración y aceptación de que nos estamos moviendo en el terreno de las hipótesis y de las proyecciones estadísticas, aunque basadas en los datos y tendencias de hoy, por lo que, con un grado razonable de fiabilidad, podríamos decir que estas proyecciones son aceptables en la medida en que la situación siga su curso de forma rutinaria y vegetativa, lo cual sucederá si no se hace nada para cambiarlo (más adelante expresaremos nuestras dudas al respecto). Y este es el problema: la nula atención de nuestros políticos, más preocupados por cuestiones triviales que por los problemas reales de la ciudadanía.

Empezaremos describiendo la situación actual y la proyectada, utilizando los indicadores de dependencia, que se calculan dividiendo la población menor de 16 años y mayor de 65 entre la población mayor de 16 y menor de 65. Es decir, los “dependientes” (los que no trabajan) entre los “mantenedores” (los que trabajan), todo esto, claro está, a nivel teórico: 

  • 2014: el 47,9%mantiene” al resto (52,1%). Es decir, ya se ha superado el listón del 50%, lo que no estoy muy seguro de lo que significa, pero se me antoja que nada bueno (4). Datos complementarios (porcentaje de población): Mayores de 65 años = 18,2%. Mayores de 85 años = 2,68%.
  • 2029: el 40,8%mantendrá” al resto (59,2%). En sólo 15 años (tres ciclos electorales) el indicador de dependencia sube siete puntos. Quizá sería más apropiado decir “intentará mantener” o el buenista “se hará lo que se pueda”. Datos complementarios (porcentaje de población): Mayores de 65 años = 24,9%. Mayores de 85 años = 8,49%.
  • 2064: el 4,4%mantendrá” al resto (95,6%). Apocalíptico. De acuerdo, son 50 años, pero, no teman, esto es lo que sucederá si la tendencia demográfica actual se mantiene. Datos complementarios (porcentaje de población): Mayores de 65 años = 38,7%. Mayores de 85 años = 10,31%.

Vamos ahora con las valoraciones, subjetivas, por supuesto:

La primera y, probablemente, más importante, es el escaso o nulo interés que este tema le merece a nuestros representantes en la cosa pública, más interesados en tribales conflictos identitarios o en el mirarse el ombligo (con permiso de la artrosis) con la vista puesta en las próximas elecciones. Aunque también pudiera ser que coincidan con nosotros en el hecho de que la propia evolución del sistema biológico (no político), aplicando las elementales reglas de supervivencia, actuará como factor corrector y creará “otra” realidad, muy distinta de la proyectada, no necesariamente peor.

Porque lo que está claro es que, si no hacemos nada, resulta imposible llegar a la situación prevista en 2064. Las consecuencias negativas superan en mucho a las positivas. Claro está que, al disminuir la natalidad (en 2015, el número de defunciones superará al de nacimientos), habrá menor gasto en pañales y biberones, pero el alarmante aumento de la tercera, cuarta y hasta quinta edad (372.000 españolitos mayores de 100 años), invalida esta ventaja, incluso en el apartado de pañales. Esto, sumado a que la atención y el gasto aumenta de forma directamente proporcional a la edad del “dependiente”, llevarán de forma inexorable a la corrección de datos, por la vía de disminución de la esperanza de vida, sea por inanición o por falta de cuidados de la población pasiva, lo cual provocará un radical cambio en la tendencia demográfica, cambio que, sin duda, nos hará sonreír cuando nos hablen del cambio climático.

Termino con una duda existencial: ¿Lo estarán haciendo bien nuestros políticos? ¿Harán bueno el aforismo «Hacer nada ya es hacer algo»

Notas: 
  1. Artículo de elconfidencial.com.
  2. Informe de la UE sobre envejecimiento en Europa.
  3. Informe INE: Proyección de la Población de España 2014–2064.
  4. Si a los “mantenedores” les restamos los parados (24%), la situación HOY ya deviene en catastrófica: el 23,9% debe “cargar” con el 76,1% de la población.

miércoles, 25 de junio de 2014

¿Elecciones? Mejor una Tómbola

Tras sufrir hoy el enésimo impacto en toda la frente —entendida como frontera de entrada y salida de ideas— de una información relativa a la detención de servidores públicos —en este caso, sindicalistas— y sus presuntos secuaces privados (1), en relación con el también presunto desvío de fondos públicos —sí, siempre públicos, es decir, nuestros—, me ha asaltado la necesidad de reflexionar sobre varios temas en confusa mezcolanza y confusión, tales como lo privado, lo público, los partidos, los sindicatos y la representatividad, en un intento, probablemente estéril, de aclarar mis ideas, que, como hemos dicho, son lo que se esconde detrás de la frente (por cierto, en mi caso, cada vez más amplia).

Y toda esta confusión parece haberse condensado en el título, surgido de forma instintiva, casi espontánea, título que, aún cuando todavía no veo demasiado claro, por su plasticidad me agrada sobremanera, por lo que lo mantengo y lo intentaré explicar, incluso a mí mismo.

Conviene aclarar de entrada que “mejor” debe tomarse como adjetivo comparativo, es decir, como «superior a otra cosa y que le excede en una cualidad moral o natural» (2), y que esa otra cosa son las elecciones. Por lo tanto, su valor no es absoluto, sino relativo, algo que, puestos a elegir, de mantenerse la penosa situación actual —situación que intentaré analizar a continuación—, me resultaría preferible.

Todo empieza, ahora, con el intento de encontrar, también de forma condensada, el significado o mensaje escondido que subyace en el chusco y escueto titulo, la proposición que me permita efectuar un desarrollo coherente del artículo y, consecuentemente, un aclarado de mis ideas. Y encuentro esto:
«Cuando los representantes de los trabajadores no son trabajadores y los representantes de los ciudadanos no son ciudadanos, puede suceder cualquier cosa».
Y esta proposición, vista así, ya empieza a decir mucho. En primer lugar, establece dos premisas,  las cuales condicionan la conclusión y, en aras de la precisión y objetividad, requieren por lo tanto aclarar el significado que se les supone —al menos en este artículo— a los términos “trabajador” y “ciudadano”(3).

Si entendemos un “trabajador” como el «que trabaja» (4), la primera premisa es aparentemente falsa, porque ambos “trabajan”. El problema aparece cuando analizamos “para quién trabajan”. Porque un trabajador “representado” puede trabajar indistintamente por su cuenta (autónomo) o por cuenta ajena (patrón o empresa pública o privada), pero un trabajador “representante” debe trabajar siempre por cuenta de sus representados. Y cuando esto falla, es porque no efectúan su trabajo, por lo que dejan de ser trabajadores. Serán otra cosa —imaginen la que quieran—, pero trabajadores, NO.

En cuanto a la segunda premisa, si entendemos por “ciudadano” la definición ortodoxa: «Habitante de las ciudades antiguas o de Estados modernos como sujeto de derechos políticos y que interviene, ejercitándolos, en el gobierno del país» (5), volvemos a falsarla aparentemente. Si bien resulta indiscutible que los representantes de los ciudadanos son los políticos, y que estos ciudadanos “representantes” intervienen en el gobierno de país, lo que ya es más discutible es que lo hagan los ciudadanos “representados”, aunque sea de forma indirecta por su capacidad de elección en unas elecciones. Y aquí no tendré en consideración una no-conformidad mayor representada por el generalizado incumplimiento de sus programas, lo que conduce inevitablemente a que su «intervención en el gobierno del país» sea, sino diametralmente opuesta, sí significativamente distinta a la que esperaba el ciudadano "representado". En cambio, tendré en consideración su considerable alejamiento de la realidad estadística ciudadana, que se podría resumir en su pertenencia mayoritaria a la categoría de "trabajador", por supuesto presuntamente “representado” también por ellos. Y este alejamiento, este “desclasamiento” es el que vamos a intentar demostrar.

Para ello me he tomado la molestia de extraer de las biografías de los principales líderes políticos actuales (6) unos datos básicos (edad, formación académica, años de “trabajo” y años en “política") cuyo resumen aporto:

  • Mariano Rajoy Brey, Licenciado en Derecho, Registrador de la Propiedad, 85% de su vida (7) en política;
  • Alfredo Pérez Rubalcaba, Doctor en Química Orgánica, 74% de su vida en política;
  • Cayo Lara Moya, Agricultor, 64% de su vida en política;
  • Rosa Díez González, administrativa, 83% de su vida en política;
  • Artur Mas I Gavarró, Licenciado en Económicas y Empresariales, 15% de su vida en el sector privado (8), 85% en política;
  • Susana Díaz Pacheco, Licenciada en Derecho, 100% de su vida en política.

Además de estos datos resumidos, cabe señalar que, con la honrosa excepción del Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya, no se encuentra referencia alguna de “trabajo” ciudadano representado estadísticamente estándar (privado), repartiendo toda su actividad no-política entre el funcionariado, el sector público o la docencia. Por esto es por lo que pienso que, así sin más, no se les puede asimilar, como ciudadanos “representantes”, a la misma categoría de los ciudadanos “representados”. Es más, por su más que evidente alejamiento de la problemática real, del día-a -día, de los ciudadanos a los que presuntamente representan, resulta obvio que el resultado no puede ser bueno para los "representados".

Y un paseo rápido, tanto por el pasado (Felipe González, José María Aznar y Rodríguez Zapatero) como por el futuro (Pablo Iglesias, Eduardo Madina o Pedro Sánchez, entre otros), no mejora la situación. En resumen, predomina la formación en Derecho, la docencia, el funcionariado, lo público y brilla por su ausencia la formación técnica —perdón Sr. Rubalcaba— y la dedicación al competitivo sector privado, tan denostado, pero realidad indudable, con paro y todo, para la aplastante mayoría de los ciudadanos (mal) representados.

Y como no se puede negar que esta situación y estos representantes, lo son de forma legal, y que esta “representación” la ostentan por delegación expresa de los “representados” a través de las elecciones, debo concluir que algo no funciona. Que el problema real de nuestra democracia es de no-representación, pero que este problema no es visto así por la ciudadanía, enfrascada en un zapping electoral en la espera infantil, inmadura y cómoda de que “los nuevos lo harán mejor”, sin darse cuenta que lo que sucede es responsabilidad suya (o nuestra) y no de sus presuntos representantes.

Y por esto es por lo que concluyo: si esto sigue así —repito, si sigue así—, sería mejor descargar de los electores su responsabilidad, institucionalizar la irresponsabilidad ciudadana y sustituir las elecciones periódicas entre listas cerradas de políticos y no-políticos que aspiran a la permanencia y a la pertenencia (9), por una Tómbola. Por un sorteo, con un buen sueldo y con obligación social y penal de aceptar y ejercer el puesto. Sin ninguna duda, estadísticamente hablando, dado que toda la clase política actual renovable sería excluida, el resultado no sería peor que lo que tenemos. Por simple cálculo de probabilidades, nos representarían ciudadanos de todo pelaje y condición, lo que incluiría, entre otros, ciudadanos competentes, no mayoritariamente abogados, éticamente solventes y acostumbrados a la competitiva lucha diaria en las trincheras de la vida, no de los partidos. Sin duda, nos representarían mejor, la Calidad aumentaría y, probablemente, en algún caso, hasta rozaríamos la Excelencia.  Lo dicho: mejor una Tómbola.

Notas:
1 – Catorce detenidos por fraude en los cursos de formación de UGT-A.
2 – Acepción 1 DRAE.
3 – Al término “representante” no le dedicaré mayor atención.
4 – Acepción 1 DRAE.
5 – Acepción 4 DRAE.
6 – Había que elegir. Y he elegido a los que encabezan sus formaciones. Por algo será.
7 – He considerado desde los 20 años, a pesar de que yo empecé a trabajar (sin comillas) con 14 y algunos de ellos entraron en política en la pubertad.
8 – Rara avis. Me quito el sombrero.
9 – No sorprende el nulo interés por la política (entendida así) de personal ajeno, independiente y competente con inquietudes sociales y de servicio a la comunidad. Que haberlo, haylo.

miércoles, 11 de junio de 2014

Podemos: mucho Qué, poco Cómo.

o Humo, mucho humo...

«Todos nos dicen qué hacer, pero pocos nos dicen cómo»

Transcribo aquí parte del artículo “Pasotismo: el Qué y el Cómo” publicado en mi blog de ética personal el 11 de mayo de 2013, el cual, pese a no estar directamente dirigido a “los políticos”, les dedicaba parte de la atención.
Pero, más allá de su enorme diversidad, en todos ellos subyace un denominador común que nos indica, exclusivamente, el «qué hacer». Como una pequeña muestra: proclamar la república, abolir la monarquía, conseguir la independencia, cambiar el gobierno, fomentar el crecimiento, la dación en pago, expropiar la banca, expropiar las viviendas vacías, no devolver la deuda, no despedir, no retrasar la jubilación, no reducir las pensiones, no cerrar consultas ni hospitales, no (co)pagar medicamentos, no reducir el gasto educativo, no frustrar a los estudiantes desaventajados –eufemismo que encierra múltiples significados–, no repetir cursos, no aumentar los impuestos (o subirlos), no practicar la violencia de género, no vulnerar los derechos humanos, no maltratar a los animales, no destruir el medio ambiente, no limitar la libertad, no robar, no matar, no masacrar, no, no, no...
Pero todo esto, ¿cómo se hace? ¡Ah!, amigo mío, esto es otra cosa. Parece que de lo que se trata, lo que se nos pide, es tirarnos a la piscina sin agua, suscribir el qué sin importar el cómo, al modo de los niños (1), esos locos bajitos, con pataleta incluida. Y quien no suscribe ciegamente el qué, es acusado de pasotismo y también demonizado por esta cohorte ejemplarizante que parece ostentar el monopolio de los derechos humanos y del bien-pensar universal.
Viene esto a cuento de la actualidad más rigurosa, tanto en el plano personal (el de la ética) como en el colectivo (el de la política), sumido yo, como pequeño miembro de ese colectivo, en la perplejidad más absoluta y la clase política en general en una reformulación de sus tácticas (2) motivada por el resultado de las elecciones europeas, que se puede resumir en fracasos generalizados, batacazo al bipartidismo y aparición de una fuerza emergente que es la que da título a esta entrada. Vamos, una revolución en el gallinero.

Y como aquí de lo que tratamos es de Calidad y Excelencia Política, podríamos decir que «nos lo han puesto a huevo». 

Siempre he tratado la política asimilándola a la gestión empresarial, contexto en el que los políticos juegan el papel de proveedores y los electores el de clientes. Y en este contexto, el producto viene representado por el programa. No me voy a repetir aquí, pero, del mismo modo que, a menos que te lo regalen, nadie —bueno, casi nadie— compra un burro sin mirarle los dientes, todos —bueno, casi todos— compran un programa electoral sin hacerlo. Metáforas aparte, en mi opinión, casi nadie se lee los programas de los partidos a los que vota. En el mejor de los casos, se vota con el corazón, no con el cerebro. Y así nos va. Nos quedamos en el envoltorio, en una cara, en unas palabras bonitas, en promesas y en humo, mucho humo. Nadie desenvuelve el paquete. Nos quedamos en el qué, sin importarnos el cómo. Y si el envoltorio nos gusta, el colmo de la satisfacción es meterle el dedo en el ojo al poder, ahora calificado sin ambages de «casta», practicando el zapping electoral apretando el nuevo botoncito que nos han puesto (ellos, no nosotros) en el mando.

Y como no se trata de extenderse demasiado, voy a desenvolver un poco el programa de la fuerza emergente, Podemos, que con 1.200.000 votos se posiciona como cuarta fuerza política española en el Parlamento Europeo, y a la que determinados sondeos le vaticinan un sonado éxito en las generales. Y digo un poco porque el documento tiene 40 páginas, aunque, hay que reconocerlo, bien estructurado, con índice y todo, de tal forma que permite abordarlo por puntos concretos. Este es el Índice:
  1. Recuperar la economía, construir la democracia
  2. Conquistar la libertad, construir la democracia
  3. Conquistar la igualdad, construir la democracia
  4. Recuperar la fraternidad, construir la democracia
  5. Conquistar la soberanía, construir la democracia
  6. Recuperar la tierra, construir la democracia
Todo un primor (la negrita es de ellos). Todo un catálogo de qués, suscribible por todos y cada uno de nosotros, porque me pregunto: ¿quién no quiere recuperar la economía, conquistar la libertad, conquistar la igualdad, recuperar la fraternidad, conquistar la soberanía, recuperar la tierra y, como buen mantra recurrente, construir la democracia? Solo le pondré un pero estético: echo en falta las mayúsculas, y, no menos importante, falta la negrita en «democracia». Pero no nos quedemos aquí, ahondemos un poco (3) y busquemos cómos:

1 – Recuperar la economía: creación de empleo «decente» (4), reducción de la jornada laboral a 35 horas, reducción de la edad de jubilación a 60 años, redistribuir «equitativamente» el trabajo y la riqueza, prohibición de despidos en empresas con beneficios, establecer mecanismos para combatir la precarización del empleo, incremento significativo del salario mínimo interprofesional, derecho a disfrutar de una pensión pública que garantice una vida decente,...

2 – Conquistar la libertad: Ampliación y extensión de la figura del referéndum vinculante, también para todas las decisiones sobre la forma de Estado y las relaciones a mantener entre los distintos pueblos si solicitaran el derecho de autodeterminación, democratización de todas las instituciones, incluida la jefatura de los Estados (5), priorizar la adjudicación de la gestión y ejecución de obras y políticas públicas a empresas locales, limitación de la adjudicación de la gestión y ejecución de políticas públicas a grandes empresas, acceso en condiciones de igualdad a los medios de comunicación públicos y privados de todas las candidaturas que concurran a elecciones, auditoria pública y efectiva de la financiación de los partidos políticos (6),…

3 – Conquistar la igualdad: Aumento de plantilla en la sanidad pública, prohibición explícita del copago sanitario y farmacéutico, puesta en marcha de medidas orientadas a garantizar la gratuidad del material escolar de todos los niños y niñas de la Unión en instituciones educativas de ámbito público, aumento de las ayudas públicas para estudiantes con dificultades económicas, limitación de las tasas universitarias, elevar un 200% en 10 años la financiación pública para la investigación en todos sus niveles, despenalización de la ocupación por parte de familias o personas en situación de vulnerabilidad o sin techo de viviendas vacías pertenecientes a bancos y cajas intervenidos o rescatados, o de viviendas vacías durante más de un año de inmobiliarias y promotoras,...

4 – Recuperar la fraternidad: Prohibición de los CIES, anulación de los programas contra la inmigración, FRONTEX y EUROSUR, fin de la llamada "Directiva de la vergüenza", eliminación de las vallas fronterizas anti-persona y del SIVE, fin de la política de externalización de fronteras, derecho a tener derechos (7), libre circulación y elección de país de residencia y regularización y garantía de plenos derechos para todas las personas residentes en suelo europeo, sin distinción de nacionalidad, etnia o religión, con o “sin papeles” (8), impulso de la armonización salarial europea con el criterio de convergencia con los países con niveles de remuneración más altos (9),...

5 – Conquistar la soberanía: Derogación del Tratado de Lisboa, las grandes decisiones macroeconómicas han de ser precedidas de un debate público real y referéndums vinculantes, inclusión en el Tratado de Lisboa (10) de la necesidad de ratificación democrática con participación popular efectiva para los cambios que afecten a las Constituciones de los países miembros, creación de mecanismos de control democrático y medidas anticorrupción (6),

6 – Recuperar la tierra: Impulso del necesario decrecimiento en el uso de energías fósiles y materiales, precios del agua urbana progresivos que garanticen el derecho al agua para todos y penalicen el consumo excesivo, regulación de los productos transgénicos por entidades independientes de intereses comerciales, acabar con la contaminación y el riesgo de cambio climático (11), cierre programado de las centrales de gas y de carbón, prohibición del fracking, prioridad al transporte basado en la motricidad eléctrica sobre los derivados del petróleo,...

Pues bien, lo extractado es un ejemplo típico de la exagerada utilización del qué en los programas electorales. Por descontado, el documento incluye cómos, y muchos, pero esto no invalida la prevención que debería sentir un elector ante un programa (o todos) de este tipo. Y aun así, si lo lee, y decide darle un margen de confianza, bien está. Pero el verdadero problema, el que se sitúa en la  base de la frustración y el descontento de la ciudadanía es no leer —no hacerlo o hacerlo sin sentido crítico— los programas. No inspeccionar el producto antes de comprarlo. Porque al no leerlo, al no juzgarlo, al no criticarlo, limitamos nuestras opciones, lo que es lo mismo que decir que limitamos nuestra libertad de elección —y lo que es más importante, de no-elección— y abjuramos de nuestra responsabilidad, si bien nada nos impedirá ejercerla a posteriori —normalmente, fuera de las urnas— si los resultados de nuestra irreflexiva elección no nos satisfacen.

Por lo tanto, no me gustan los qués sin los cómos. Porque como todo, un programa electoral, al igual que los objetivos o fines de un partido político, es el resultado de un proceso, en el que la primera fase es definir lo que se quiere (el qué), y la segunda fase, y final, debe ser el cómo: cómo se piensa conseguir el objetivo. Y el escamoteo de este segundo requisito marca la abismal diferencia existente entre la teoría y la práctica. Por lo tanto, un qué sin un cómo no es un producto. Por lo menos, no es un producto acabado. Es un proyecto pendiente de definición. En definitiva, una piscina sin contenido, sin agua. No es que su Calidad sea baja, es que es cero, no tiene. Y de la Excelencia, de nuevo, ni hablar.

Notas:
  1. Que todo lo quieren, sin importarles el cómo (esta nota no aparece en el texto original).
  2. Que no estrategias, porque no se miran más allá del ombligo, es decir, de las próximas elecciones.
  3. Ni que decir tiene, que este ahondamiento es tremendamente selectivo, consecuentemente subjetivo, centrado, no exhaustivamente, en lo que me parece más relevante para el objeto del artículo: la omisión o la extraordinaria dificultad del cómo. En resumen, las ausencias no representan juicio de valor alguno respecto a su formulación en el documento.
  4. Lo que me sugiere esto, dicho así, sin más, no quedaría bien aquí.
  5. Ésta resulta particularmente «buenista».
  6. Chapeau. En este caso no es preciso decir cómo. Simplemente hay que hacerlo. Veremos si cuando alzan el vuelo empiezan por ellos mismos.
  7. Todo un hallazgo.
  8. ????
  9. Pues claro.
  10. Pero ¿no pretenden derogarlo?
  11. En honor de la verdad, aquí se mojan.

martes, 3 de diciembre de 2013

Donde dije digo digo Diego :-(

Reload: segundo intento.
27 de septiembre de 2012. Más de catorce meses desde la publicación de La No Conformidad Absoluta, última entrada de este blog, donde, entre otras lindezas, declaraba de forma lapidaria: «He llegado a la conclusión de que la política (con minúsculas y reducida a la mínima expresión plástica) es absolutamente incompatible con la Calidad y la Excelencia», terminando –reconozco que de forma un tanto teatral– con el manido punto 7 del Tractatus de Wittgenstein: «De lo que no se puede hablar hay que callar». Tampoco me duelen prendas en reconocer que en su corta vida (dieciocho entradas) no he hecho otra cosa que destacar la incompetencia, incoherencia e inconsistencia de la clase política, deméritos que se vuelven contra mí con este «regreso» a la palestra y que voy a aceptar deportivamente sin presentar pliego de descargo alguno.
En cambio, lo que si haré será una renovación de mis compromisos, muy en línea con la praxis aplicada por nuestros gobernantes ante unas elecciones o el inicio del curso político. Tiempo habrá de valorar el cumplimiento de mi programa.

Empezábamos definiendo el significado de Calidad y Excelencia Política, pero... ¿qué es Política? Decíamos: «...en el alcance de este blog... entendemos por Política (la mayúscula se la concedemos por tratarse del sujeto principal, no nos confundamos) al conjunto de acciones ejecutadas por las personas que, voluntariamente (esta precisión es fundamental), la ejercen». Finalizando así: «Entendemos también que estas personas son las que forman el Gobierno (central o autonómico), los Partidos de la oposición y las administraciones, empresas y entes públicos (ayuntamientos, diputaciones, etc.). Y que todos estos entes pueden (de hecho, deben) ser tratados como Empresas (con la particularidad, no menor, de que sus clientes son sus electores y la sociedad en general)».

Y así es como los vamos a tratar: como Empresas. Sometiéndoles a una auditoria, destacando sus Puntos Fuertes :-), formulando Observaciones :-| y detectando No Conformidades :-(.  Todo ello desde mi particular, intransferible y subjetivo punto de vista como cliente. Porque esto es lo que somos: clientes, receptores de un producto, receptores de un servicio, la Política, la cual debe estar siempre al servicio del ciudadano, que es quien le ha concedido el inmenso poder que detenta y quien tiene todo el derecho a exigir, en primer término, para cualquier ciudadano, la satisfacción de sus necesidades vitales, en segundo término, para los votantes y simpatizantes, el cumplimiento de los compromisos del programa electoral (Calidad política) y en último término, no menos importante para quien las tenga, la satisfacción de sus expectativas (Excelencia política)(1).

Por último... ¿dónde queda la Filosofía? Con el permiso del maestro Aristóteles, desaparecida. Habiendo –en la política– poca Calidad y menos Excelencia, la he reducido a cero. Porque no hay filosofía en la política. Si aceptamos que la filosofía es «la búsqueda de la verdad»(2), el empeño es imposible. Porque cada político, cada partido, cada sesgado militante o simpatizante tiene su verdad y, lo que es peor, quiere convencernos de ella. De ahí, la desaparición del término original en el título del blog y su sustitución por los puntos suspensivos, con objeto de que cualquiera pueda adaptar el título a su sensibilidad(3). En cuanto al subtítulo, me reafirmo en el escepticismo, pero referido a catorce meses atrás, corregido y aumentado.

1 -  En este momento, podría ser apropiado consultar la entrada Objeto, Alcance y Clientela.
2 - Permítaseme justificar esta reduccionista definición: «La filosofía es cuestionarse la realidad».
3 - Sugerencias: basura, mentira, corrupción, miseria, estafa, comedia, sainete, etc. Personalmente, en una alarde de benevolencia, prefiero «incompetencia». Todo menos «filosofía».   

miércoles, 13 de junio de 2012

NC9 - Ni Crisis, ni Tomate, ni Rescate :-(

La triple negación del título encierra un acertijo que intentaré desvelar a lo largo de la publicación. Sólo una de las tres negaciones es verdad absoluta. Y digo esto con todas las implicaciones filosóficas que subyacen en una afirmación tan rotunda.

El tema que he traído al blog no es nada original. Probablemente, todos estemos algo cansados de la repetición obsesiva de términos y titulares que están empezando a conseguir que me resulte cada vez más difícil seleccionar temas para tratar. La avalancha es tal que me está superando y estoy considerando seriamente abandonar la tarea, la cual, además, se vuelve transnacional.
Pero, aún así, voy a intentar darle un enfoque nuevo al tema, explotado ya hasta la saciedad en la prensa, los medios audiovisuales e Internet.

La cantidad de información publicada es tal que, en algún caso, me veo obligado a omitir las fuentes, aunque todos los hechos que voy a incluir son fácilmente verificables. Por lo tanto, me voy a permitir entrecomillar textos que, no siendo referencias textuales, intento objetivar al máximo. De esta forma, cada hecho queda claramente diferenciado de los comentarios que le acompañan. Además, de forma excepcional, personalizaremos los sujetos de los hechos utilizado su apellido.
  • 20-05-2012 Rajoy declara “No va ha haber ningún rescate de la banca española”.
  • 08-06-2012 “Si quieren saber, pregúntenme a mí. A menos que alguien sepa más que el Presidente del Gobierno”. Modesto que es.
  • 10-06-2012 (el día después) Rescate a la banca” (La Vanguardia), Rescate sin humillación” (El Mundo), "Rescate a España" (El País). Los tres principales periódicos utilizan un vocablo negado por el Presidente.
  • Guindos declara que “no se trata de un rescate sino de una línea de crédito” y que comparece él y no el Presidente, porque él es el miembro del Eurogrupo que ha cerrado el trato.
  • Rajoy asiste al partido España – Italia. Aduce que hablará de la crisis con el Presidente polaco. Curiosamente, a la crisis la llama por su nombre. Dedo en ojo de Zapatero. Son como niños.
  • 11-06-2012 El Mundo revela un e-mail de Rajoy a Guindos, en plena negociación: “Aguanta, somos la cuarta potencia de Europa. España no es Uganda”. Frase cuya segunda parte es una obviedad y que ha arrasado en la red. Prueben “#españanoesuganda” o “#ugandaisnotspain” en Twitter y podrán comprobar la extraordinaria creatividad y sagacidad de los internautas. Por otra parte, representa un cambio sustancial (no sé si mejor o peor) respecto a la esgrimida hasta ahora: “España no es Grecia”.
  • El representante de Uganda (no tiene embajada en España) declara al diario Qué: “A nosotros no nos han tenido que rescatar, ni hemos pedido ayuda. Hemos pasado de un 25% de inflación a un 18% con una banca nacional africana y sin pedir ningún préstamo, cosa que no pueden decir otros países… Como España”. Que bochorno...
  • “You Say Tomato, I Say Bailout” (“Tú dices tomate, yo digo rescate). Ya salió el tomate. Nos han visto el plumero. Al parecer, es la forma habitual en la lengua inglesa de plantear eufemismos: “You say tomato, I say …”. Qué maravilla, pues además rima. (Pulsar aquí para consultar Time.com).
  • 12-06-2012 ”Las dudas sobre el rescate golpean a España e Italia” (El Mundo).
  • 13-06-2012 ”Colapso del mercado de deuda por el temor a Grecia” (La Vanguardia), “La deuda soberana de España e Italia fuera de control”, “El bono a 10 años cierra en máximo histórico del 6.71%” (El Mundo), “El acoso a la deuda española se acentúa” (El País). Resumen: Récord de la prima de riesgo.
  • “Rajoy delega los debates internos y se refugia en la agenda internacional” (La Vanguardia). Según la misma información, después de la sesión de control de hoy, no se presentará en el Congreso hasta el ¡11 de Julio!
  • En la sesión de control, Rajoy, ante requerimientos explícitos, elude referirse al rescate, calificándolo de "crédito a la banca". Este parece ser el eufemismo "presidencial" preferente. 
  • Christine Lagarde, Directora del FMI declara “Europa tiene menos de tres meses para salvar el euro”. Gran ayuda. Muchas gracias.
  • María Fetker, Ministra de Finanzas austríaca, declara “La próxima en pedir rescate será Italia”. Otra gran ayuda. Gracias en nombre nuestro y de Italia.
¿Cómo empezar a comentar esta pequeña (por cantidad) y enorme (por contenido) muestra de inconsistencias, sandeces, realidades y eufemismos? La primera reflexión que me viene a la cabeza es que, irreversiblemente, la situación española trasciende a su localidad y se sumerge en la globalidad. Hemos dejado de tener el control. Cualquier simple declaración, sea de un político español o foráneo tiene consecuencias sobre el meollo del asunto que nos preocupa: la crisis española. Tan malo es hablar como callar. Bien haremos en dejar de mirarnos el ombligo y empezar a considerar la posibilidad de crear un ente mayor, con poder real y efectivo, donde los problemas de los “socios” se diluyan y compartan. No es el momento de comportarnos como una tribu.

El  hermoso "Rescate" de Rajoy
Si es cierto que el lenguaje crea la realidad, entonces los políticos son aprendices de filósofos poco aventajados. Probablemente, la resistencia por parte de Zapatero a utilizar el vocablo “crisis” respondería a un ingenuo intento filosófico de negar su existencia real (por lo menos, en la percepción de la clientela política). La utilización en su lugar de eufemismos tales como “desaceleración” o “crecimiento negativo” pretendían dar carta de naturaleza a sinónimos “descafeinados”, olvidando que la “crisis”, al ya estar en boca de todos, existía realmente. Otro tanto se puede decir de Rajoy y Guindos referente al término “rescate” y sus sustitutos “línea de crédito”, “ayuda”, “crédito a la banca”, “préstamo”, etc. Vana pretensión. Rescate y no Tomate. Nos lo ha tenido que decir la revista Time.

Y qué decir de la referencia a Uganda. Mejor estar callado. Sin entrar en consideraciones éticas, a pesar de tratarse de una filtración y de estar en forma de e-mail, un Presidente del Gobierno puede y debe inferir que las probabilidades de que una tontería de este tipo llegue a la opinión pública son enormes, con un coste incalculable en descrédito dentro y fuera de nuestras fronteras.

Esta utilización tan superficial de las palabras, combinada con la resistencia a su presencia en el Congreso para hablar del rescate, es impropia y conforma una imagen del Presidente que se sitúa en los antípodas del liderazgo tan necesario en estos momentos difíciles, representando además una absoluta desconsideración a las expectativas de los clientes políticos de toda condición (entre los que me incluyo) las cuales, como mínimo, exigen un tratamiento racional del lenguaje y la voluntad de afrontar los problemas de frente y no de perfil, tratándonos como adultos y no como niños imberbes.

Por lo tanto, poca Calidad, ninguna Excelencia y No Conformidad sin paliativos. Y se la colgamos a los Presidentes (el actual y el anterior). En cuanto al título, corrijo: Crisis y Rescate, no Tomate.

“Piensa como piensan los sabios, pero habla como habla la gente sencilla” (Aristóteles)