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sábado, 14 de julio de 2018

El último semestre del 2017


«… aquellas personas involucradas en los hechos del último semestre del 2017 tienen que ser juzgadas por parte de los tribunales españoles, y eso va a ocurrir» (La Vanguardia).



Esta lapidaria frase de nuestro ínclito Presidente (en mayúscula, por ser de la tribu mayor), excretada como valoración de la sentencia del tribunal de Schleswig-Holstein, es la que ha disparado mi cada vez más remoto impulso de escribir sobre política. En primer lugar por su aséptica referencia al período más surrealista y bochornoso de la historia de nuestras tribus (la pequeña y la grande), y en segundo lugar por su contundente aseveración de que el cabecilla de “los hechos” (el ex-presidente de la tribu menor) será extraditado y juzgado únicamente por malversación.

Esta simplista calificación del período responde sin duda a criterios políticos, los cuales, por sí mismos, entierran habitualmente la objetividad mínimamente exigible, entendiendo como tal la descripción «del objeto en sí mismo, con independencia de la propia manera de pensar o de sentir», es decir, del referéndum ilegal de 1-O y la declaración de independencia de 27-O, que es lo que yo hubiese preferido escuchar de nuestro espurio mandatario (en referencia a su origen atípico).

En cuanto a su afirmación de que el «involucrado» Puigdemont será juzgado únicamente por malversación, lo más benévolo que se me ocurre es que es superficial y gratuita porque no depende en absoluto de su egregia persona.

Sorprende también la afirmación, tras el Consejo de Ministras y Ministros de ayer, de que «el Ejecutivo “respeta las decisiones judiciales”» (La Vanguardia), en particular tras esta otra fechada en 22 de  junio que dice: «El Gobierno critica la libertad de La Manada, cuestiona la formación de los jueces y estudiará endurecer la ley» (El Mundo), citada esta última aquí y ahora sin ánimo peyorativo y únicamente como contraste ilustrativo de la (in)coherencia de este sobrevenido Gobierno, que se permite decir una cosa y la contraria sin pestañear siquiera, más o menos como todos, sean del color que sean.

Pero pasemos ahora a comentar algunos puntos de la estrafalaria sentencia, que viene a hacer firme de forma corregida y aumentada la desestimación inicial de la «rebelión chapucera» ya tratada en otro artículo. Empezamos con tres perlas que no tienen desperdicio (El Mundo):

«La persona perseguida [Puigdemont] no tenía voluntad de cometer excesos»

«… llega a comparar las manifestaciones secesionistas con partidos de fútbol».

«… sólo 58 agentes de todos los desplegados por las Fuerzas de Seguridad del Estado "resultaron heridos"; "no fue necesario usar gas lacrimógeno, cañones de agua y no se hizo uso de armas de fuego"». 

Inicialmente pensaba subrayar algo, pero rehúso hacerlo. Todo es subrayable. Únicamente cabe sorprenderse de lo bien que deben conocer «la voluntad» del presunto reo, de su ígnota interpretación del más que subjetivo término «exceso», de los pocos agentes de la Seguridad del Estado heridos (no detallan donde está el umbral) y a su lenidad en el uso de material represivo. A esto se le llama objetividad procesal.

Siguen cuatro extractos más (alguno redundante) procedentes de otro medio (El Confidencial):

«La sentencia señala que la propia solicitud de extradición española en lugar de precisar en qué lugar, fecha y hora exactamente se cometió el supuesto delito, ofrece 17 páginas de descripciones del proceso de independencia catalana y acusa a un total de 25 personas».

O sea, que se necesitaría saber «en qué lugar, fecha y hora se cometió el supuesto delito». No me lo puedo creer… ¿lo dicen en serio? Por ejemplo (hipótesis chunga): si en la solicitud de extradición constara que «el Sr. Puigdemont declara (la verdad, no sé como se podría probar) que el día X del mes X del año 2017 (supongo), a las X horas, X minutos y X segundos, cómodamente aposentado en el excusado privado del Palau, Plaça de Sant Jaume, 4, 08002 Barcelona, aliviando sus necesidades mayores, concibió y consumó, no sin esfuerzo, un delito de rebelión», si así constara, ¿lo hubieran aceptado? ¿Sería este hecho (la deposición presidencial que empezó autonómica y devino en independentista) el más notable de todos «los hechos del último semestre del 2017» a los que se refiere nuestro Presidente sobrevenido?

«… en los días anteriores y posteriores sí hubo casos de bloqueos de carreteras y vías de tren, barricadas incendiarias, manifestaciones masivas y cortes de vías mediante tractores, pero éstos no formaban parte del referéndum». «No hubo batallas campales ni incendios ni saqueos».

Que absurda obviedad: sentenciar que los días anteriores y posteriores al referéndum no formaban parte del referéndum. A contrario sensu, si el día del referéndum se hubiesen bloqueado las carreteras y los trenes, montado barricadas incendiarias y manifestaciones masivas, cortadas las vías mediante tractores, producido batallas campales, incendios y saqueos, resultado heridos más de 58 agentes (la sentencia no concreta cuántos), utilizado gas lacrimógeno, cañones de agua y armas de fuego (las tres últimas premisas citadas más arriba por otro medio),,,, ¿su resolución hubiese cambiado?

«Este tribunal toma al pie de la letra al acusado que, como personaje de la historia contemporánea, no se podrá permitir la 'pérdida de cara' que significaría una huida».

Un «personaje de la historia contemporánea». Sin duda. Todo un personaje. Y no «perderá la cara» porque tiene mucha. Sorprende también el coloquial estilo procesal empleado por el tribunal alemán (conviene resaltar que todo lo publicado son traducciones efectuadas por los medios).

En resumen: le hemos dado un ligero repaso a «los hechos del último semestre del 2017», en la simplificadora visión de nuestro acomodaticio Presidente y a los de 1-O, única, estrecha y sesgada preocupación del tribunal de Schleswig-Holstein, y entre uno y los otros estamos arreglados. Mientras tanto, la vida sigue. Tenemos nuevos Presidente y presidente. Y los nubarrones en el horizonte político no se disipan. Y en el judicial tampoco.

domingo, 6 de mayo de 2018

Proceso, Procés, Prozesu

Resulta innegable que la disolución de ETA en el pueblo vasco [sic] ha devenido noticia de portada en todos los medios, no tanto por su sentido metafórico imposible (ni ETA es una sustancia soluble, ni el pueblo vasco es un líquido; con “disolverse” ⎼en su acepción no química⎼ a secas, era más que suficiente) sino por el exagerado carácter exhibicionista de su puesta en escena en Cambo-les-Bains (actores, mediadores, verificadores, figurantes, extras, espectadores, invitados y mirones incluidos), habida cuenta de que desde 2011 ya no quedaba nada por disolver. En cualquier caso, haciendo buena la metáfora, podemos inferir que los miembros de ETA que aún perviven (el soluto) se dispersarán homogéneamente entre los miembros del Pueblo Vasco, que actuará como sustancia solvente. Y por ahí andarán felizmente por los siglos de los siglos en forma de solución (ahora en su acepción química), esperemos que no saturada (es decir, que no se hagan de nuevo visibles precipitándose al fondo).

Pero no es esta incongruencia metafórica la que me ha llevado a escribir (de hecho, en las últimas 48 horas, el texto completo de la declaración ha sido objeto de sesudos análisis forenses que a modo de autopsia lo han vuelto del derecho y del revés y lo han dejado reducido a un estado similar al del residuo seco de un destilado). Lo que me ha llevado a escribir ha sido la inesperada aparición en el penúltimo párrafo de las cuatro palabras resaltadas (realmente, cinco), elevadas hoy por estos pagos a la categoría de conceptos trascendentes, hecho notable que, a mi modo de ver, no es fortuito y que no ha merecido la debida atención mediática. Transcribo a continuación el párrafo completo para no perder contexto:



«En adelante, el principal reto será construir un proceso como pueblo que tenga como ejes la acumulación de fuerzas, la activación popular y los acuerdos entre diferentes, tanto para abordar las consecuencias del conflicto como para abordar su raíz política e histórica. Materializar el derecho a decidir para lograr el reconocimiento nacional será clave. El independentismo de izquierdas trabajará para que ello conduzca a la constitución del Estado Vasco».


A continuación, el párrafo de marras traducido al euskera¹:


Hemendik aurrera, erronka nagusia izango da indar pilaketak, herri aktibazioak eta akordioak elkarren artean dauden ardatzak dituen prozesu bat eraikitzeko, gatazken ondorioak aurre egiteko eta sustraiak politiko eta historikoak aurre egiteko. Aitortze nazionala lortzeko erabakitzeko eskubidea gakoa izango da. Ezkerreko independentziaren mugimenduak Euskal Herriaren konstituzioa ekarriko du.


Y por último, una adaptación libre² del mismo párrafo en el idioma autóctono de nuestra entrañable tribu, adaptación que en su literalidad y en forma de manifiesto, arenga, soflama o programa electoral podría hoy mismo ser suscrita, escrita, aplaudida, aclamada, compartida, coreada, repetida, respaldada, reconocida como propia, incluso votada, por buena parte de sus pobladores (por lo de poble), todos ellos desde hace ya bastante tiempo homogéneamente “disueltos” en concentración (de nuevo en su acepción química) algo baja para sus intereses, aunque a decir verdad, vistos los hechos, no parece que les preocupe demasiado: 

Con todas mis reservas...
D'ara endavant, el principal repte serà construir un procés com a poble que tingui com a eixos l'acumulació de forces, l'activació popular i els acords entre diferents, tant per abordar les conseqüències del conflicte com per abordar la seva arrel política i històrica. Materialitzar el dret a decidir per aconseguir el reconeixement nacional serà clau. L'independentisme d'esquerres treballarà perquè això condueixi a la constitució de la República de Catalunya.


¿Les suena? ¡Qué poca imaginación!: procés³, poble, dret a decidir³, independentisme. Por aquí estos términos ya los tenemos más que gastados. ¿Mimetismo?, ¿clonación?, ¿emulación?, ¿envidia? Pues nada, querido Pueblo Vasco, bienvenidos al club: pasen, vean, y a por el prozesu, el ¿jende?, el erabakitzeko eskubidea y el independentziaren. Que tengan suerte. La van a necesitar.

Para acabar, aprofitant l'avinentesa, me gustaría dejar constancia de que el procés (el original, el autóctono, el “pata negra”) me está resultando tanto o más incomprensible que el euskera. Es decir, no entiendo nada. Con esto está dicho todo.

NOTAS:
  1. Traducción de Google. Hasta donde llega mi conocimiento, paradójicamente, la declaración únicamente se ha publicado en el idioma del «estado jacobino» que «se obstina en perpetuar el conflicto» [sic]. Lamentablemente, a la comprensible incomprensibilidad de la traducción se le suma mi incapacidad para localizar, aislar y subrayar el vocablo «pueblo» traducido (según Google: jende).
  2. En aras del rigor, la calidad y la excelencia que pretende mantener este blog, me he tomado la libertad de tachar el calificativo «de izquierdas», en nuestro caso manifiestamente parcial e inexacto por tratarse de un “movimiento” (dicho sea sin ánimo peyorativo) de amplio espectro que agrupa en interesada simbiosis: a) los susodichos; b) numerosos elementos inequívocamente “de derechas”; c) algunos “mutantes” de uno u otro lado; y d) unos pocos “inclasificables”; sin olvidar el segundo cambio: la obligada sustitución, por la nueva localización geográfica, del nombre del utópico y paradisíaco ente que les espera al final del proceso/procés/prozesu a los esperanzados simbiontes.
  3. Puestos a categorizar, estos dos ocupan la cúspide jerárquica.
  4. Aquí se puede consultar un análisis en profundidad de este vocablo clave.
  5. 1. f. Biol. Asociación de individuos animales o vegetales de diferentes especies, sobre todo si los simbiontes sacan provecho de la vida en común (mis efusivas felicitaciones al Diccionario R.A.E. por la exactitud de la definición).

miércoles, 25 de abril de 2018

Querer escribir y no poder

Solo quien haya leído, entendido y comprendido a Ludwig Wittgenstein en su «Tractatus» está en condiciones de comprender las tortuosas elucubraciones político-filosóficas que me invaden y el fallido intento de plasmarlas, a diferencia de las palabras, que se las lleva el viento, sobre un soporte supuestamente perenne, practicando el noble arte de la escritura. Parto del supuesto de que el colectivo que cumple las tres premisas de partida es, estadísticamente hablando, anormalmente reducido, debido fundamentalmente al acusado déficit de comprensión lectora que afecta a la sociedad, en especial a las nuevas generaciones, déficit resignadamente aceptado y no combatido por nuestros políticos, como si se tratase de una maldición bíblica o de una nueva fuerza de la naturaleza contra la que no existe antídoto. Menuda pandilla de ineptos. Pero ésta no es la cuestión.

Ya he expresado en varias ocasiones mi convicción de que la secuencia entendimiento→comprensión es la clave de la comunicación y, por extensión, del conocimiento. Nadie puede comprender lo que no entiende. Esta conclusión, en mi caso, si me explican algo en ruso, es obvia. Y de forma general, también lo es si los términos expresados en el lenguaje que supuestamente entiende el lector u oyente no forman parte de su vocabulario. Vean pues la elemental forma de aumentar la comprensión lectora del personal: aumentar su vocabulario. Pero éste no es hoy el objeto de mis penas.

Sucede que me gusta escribir. He tenido la inmensa suerte de dedicarme profesionalmente a la consultoría en gestión de la calidad, lo que me ha permitido escribir muchísimo, y hacerlo aplicando en grandes dosis la secuencia anteriormente mencionada, sin la cual me hubiese sido imposible transcribir con un razonable grado de precisión y veracidad desde complejos sistemas de gestión empresarial hasta las más elementales instrucciones de trabajo. Y este trabajo de escritura no se podía realizar sin comprender lo que observabas o lo que te explicaban. Cierto es que el entendimiento es condición necesaria pero no suficiente. Puedo entender una disertación divulgativa sobre mecánica cuántica, pero esto no me conduce necesariamente a su comprensión. Centrémonos pues en el entendimiento.

Decía Wittgenstein en su proposición 5.6: «Los límites de mi lenguaje¹ significan los límites de mi mundo». La primera vez que leí esta proposición (y en menor grado, las que se citan a continuación) me impactó como un mazazo. ¡Cuánta razón tiene! Un lenguaje "estrecho" te condena a un mundo "estrecho". Seguimos con el último párrafo de la 5.61 «Lo que no podemos pensar no lo podemos pensar; así que tampoco podemos decir¹ lo que no podemos pensar». Aquí se establece con claridad meridiana la causa antecedente de cualquier expresión verbal: pensar primero. Es decir, pensamos y, después, decimos o, alternativamente, escribimos. Y pienso que no hay mejor forma de terminar con esta apelación al maestro de la lógica, que recurrir a su última proposición, la última frase del libro, su famosa y lapidaria proposición 7: «De lo que no se puede hablar hay que callar». Fin del libro. Imposible añadir nada más. Solamente una reflexión personal: Que bien nos iría si se le hiciera más caso.

Y en eso estamos. Quiero escribir (tengo tiempo y escribir me satisface) y no puedo. Porque de lo que me gustaría escribir, no puedo hablar. Me considero una persona interesada en la sociedad, en su entorno, en el día a día, en la política, en la lectura de la prensa "online" y escrita, en las tertulias con amigos o radiofónicas, en los informativos de radio y TV, en la observación de las gentes en la calle, en sus actitudes. En suma, una persona intelectualmente voraz y abierta a todo "input"² que me enriquezca y me haga sentir protagonista, miembro activo de una sociedad y ciudadano del mundo. Y no lo entiendo. Pienso y no lo entiendo. 

Avalancha terminológica (metáfora)
Hablan siempre de lo mismo, empleando términos cuya literalidad entiendo, pero cuyo significado, en muchos casos y en el contexto en que se utilizan, se me escapa. Vocablos o conceptos repetidos hasta la saciedad, tales como «libertad», «democracia», «urnas», «justicia», «presos políticos», «rebelión», «exilio», «procés», «referéndum», «diálogo», «consenso», «consulta», «Estado», «nación», «país» (habitualmente en su forma plural y adjetivado), «legalidad», «legitimidad», «representatividad», «dignidad», «represión», «violencia», «república», «constitución», «audacia», «expolio», «agravio», «venganza», «golpe de estado», «derechos humanos», «telemático/a», «Mesa» (con mayúscula), «eficaz», «efectivo», «eficiente» (los tres últimos aplicados generalmente al «govern»), utilizados con excesiva alegría y distinto propósito por las partes enfrentadas, mezclados en un cóctel imposible, utilizados con superficialidad, con demagogia, con desconocimiento de sus acepciones formales, con intenciones perversas, explotando simbolismos numéricos³, alfanuméricos o cromáticos aplicados profusamente al mundo textil y, más recientemente, al vegetal, abusando de crípticas siglas solo aptas para iniciados y de extrañas e impronunciables localizaciones geográficas, exacerbando los sentimientos más primarios, escamoteando la racionalidad, dirigidos a oyentes cautivos o apesebrados que, sorprendentemente, los entienden y aceptan como consignas o banderines de enganche a no se sabe que batallas o guerras, en lo que me parece una clara regresión a la tribu o, más benévolamente, a la Baja Edad Media. Lo ves en la calle o te lo inyectan directamente en el cerebro en la mayoría de medios. Y consiguen que pienses en ello. Pero como no lo entiendo, por pura lógica, por puro agotamiento, estoy empezando a dejar de pensar. De hecho, ya ni quiero pensar.

Y desoyendo a Séneca⁸, y utilizando el no querer como la causa del no poder, continúo y termino mi cadena de inferencias lógicas:

Lo que no puedo pensar, no lo pienso. Lo que no pienso, no lo puedo decir o, lo que es lo mismo, no lo puedo hablar. Y de lo que no se puede hablar, mejor callar. O lo que es lo mismo, mejor no escribir.

NOTAS:
1 – Resaltado en el original.
2 –  Deformación profesional un punto pija.
3 – 155, 1714.
4 – 9-N, 11-S, 21-S, 1-O, 27-O, 25-D, 22-M.
5 – 579-580 nm; RGB: 255, 255, 0; HTML: #FFFF00
6 – DUI, JxSí, JxCAT, ANC, AMI, CDR, TS, AN.
7 – Estremera, Waterloo, St. Andrews, Schleswig-Holstein.
8 – «El no querer es la causa; el no poder el pretexto», Epistulae Morales ad Lucilium 116,8.
9 –  Pues para no poder escribir… 😊